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Zapata

viernes, 26 de mayo de 2023

 OBJETIVOS DE RUSIA Y ESTADOS UNIDOS EN UCRANIA

A 15 meses de iniciada la llamada por el gobierno ruso “Operación Militar Especial”, y por los países occidentales “agresión rusa a Ucrania”, los objetivos de los principales actores en este conflicto han variado, según el resultado de las acciones bélicas; de la guerra económica lanzada por Occidente contra Rusia y de los posicionamientos del resto de actores internacionales durante el desarrollo del enfrentamiento.

Rusia

A diferencia de lo que la propaganda occidental sigue difundiendo hasta ahora, Putin y sus estrategas nunca consideraron la posibilidad de “ocupar” completamente Ucrania.

Su objetivo con la ofensiva inicial siempre fue destruir la mayor parte del potencial bélico de Ucrania, en el menor tiempo posible y con la menor cantidad de pérdidas; con objeto de que el ejército ucraniano no pudiera reaccionar rápidamente ante el avance de las tropas en el Este, en donde se situó el grueso del esfuerzo bélico ruso, para reforzar a las provincias recientemente anexadas de Luhansk y Donetsk; establecer el puente entre la región del Donbas y la península de Crimea, para lo cual se requería la toma de Mariupol; extender lo más posible el avance ruso hacia el Oeste por la costa, de ser posible hasta Odessa; y hacia el interior de Ucrania llegar hasta la toma de Zaporizhia y Bakhmut.

Con ello el Kremlin calculaba que Ucrania no tendría otro remedio que iniciar negociaciones de paz, en vista de que sus fuerzas armadas estarían casi destruidas y las provincias del Este estarían ya firmemente anexadas a Rusia.

De los objetivos expuestos, Putin logró debilitar significativamente a las fuerzas armadas ucranianas al inicio de la invasión; reforzar a las provincias de Luhansk y Donetsk; establecer la conexión entre el Donbas y Crimea, tomando en el camino a Mariupol.

Si bien avanzaron por la costa hasta Kherson, se quedaron cortos de llegar a Odessa; y hacia el centro de Ucrania pudieron tomar Zaporizhia y Bakhmut, con lo que dificultarán cualquier contraofensiva de los ucranianos; pero el costo en muertos, heridos y material bélico destruido para lograr este último objetivo fue descomunal (sólo del grupo privado Wagner que se encargó del mayor esfuerzo, hubo 20 mil muertos en 224 días de lucha en Bakhmut)[1].

Si bien Rusia ha logrado la mayoría de los objetivos que buscó en la “Operación Militar Especial”, no calculó correctamente el tamaño de la reacción de Occidente.

Por un lado la enorme cantidad de armas, municiones, transporte y equipo bélico que Occidente, especialmente los Estados Unidos, ha dado a Ucrania, ha permitido a sus fuerzas armadas recuperarse del golpe inicial recibido, y con ello detener las ofensivas rusas en las fronteras Norte y Oriental.

De la misma forma, los apoyos en materia de inteligencia, personal, entrenamiento e incluso con fuerzas especiales y “voluntarios” de diversos países de Occidente, han permitido a Ucrania responder a Rusia, no sólo en el propio territorio ucraniano, hasta el punto de lograr recuperar territorio que inicialmente se habían apropiado los rusos en el Norte y Este del país; si no que ahora se prepara una gran contraofensiva en el Este, con la esperanza de recuperar la mayor parte del territorio conquistado por los rusos (y con ataques a algunas zonas dentro del propio territorio ruso).

Así también, la guerra económica desatada por Occidente y algunos de sus aliados dentro de las economías del Sur Global, han generado un alto costo para la economía rusa, la cual, a pesar de todo, ha resistido las sanciones y los bloqueos, intensificando sus relaciones con China, la India, Irán, Arabia Saudita, Africa y países del Centro de Asia, con lo que ha podido mantener el esfuerzo bélico y al mismo tiempo evitar un colapso interno de su economía, que podría generar un descontento generalizado en su población.

No obstante lo anterior, Putin y su gobierno saben que una prolongación por años de la guerra va a significar un continuo desgaste económico, social, político y militar, y ello irá generando cada vez más descontento interno (que será incentivado y aprovechado por Occidente), por lo que el objetivo ruso ahora es que Ucrania se deslinde de Occidente y acepte iniciar negociaciones de paz.

Para ello el Kremlin cuenta con los buenos oficios de China, Brasil, Turquía, Arabia Saudita y la Secretaría General de las Naciones Unidas, que han estado intentando acercar a Moscú y Kiev para negociar.

Pero la posibilidad de una negociación seria dependerá nuevamente de los hechos en el campo de batalla.

Si la tan anunciada contraofensiva ucraniana logra avances importantes en el Este y Sur, empujando a los rusos hasta la frontera misma de Rusia, entonces Ucrania estará más envalentonada para continuar su ofensiva, hasta echar a los rusos fuera de las provincias anexadas de Luhansk y Donetsk, e incluso fuera de la península de Crimea.

Con ello también Occidente redoblará su esfuerzo bélico en favor de Ucrania, con lo que podría arrinconar a Putin y a su gobierno, llevándolo entonces a considerar el uso de armas nucleares tácticas para evitar una derrota militar, que bien podría llevar a un cambio de régimen en Moscú.

En cambio, si la contraofensiva de Ucrania logra avances modestos o se queda claramente corta respecto a sus objetivos, Moscú se verá fortalecido en su posición militar y por ende, en su posición política, para convencer a la comunidad internacional para que cese el apoyo militar a Ucrania; y con la mediación de las potencias antes señaladas y de las Naciones Unidas se encuentre una salida pacífica, que detenga la guerra y que reconozca los hechos en el terreno; es decir, la pérdida de territorio por parte de Ucrania.

Putin deseaba inhibir la posibilidad de que Ucrania entrara formalmente a la OTAN. Pero en los hechos, ahora Ucrania es una base inmensa de la OTAN, aunque formalmente no esté adherido a ella y por lo tanto, aunque se llegara a algún tipo de arreglo entre Kiev y Moscú, difícilmente los países de la OTAN, que ya tienen un pie dentro de territorio ucraniano, aceptarán retirarse del mismo.

Así también, la entrada de Finlandia en la OTAN, desbaratando con ello su larga neutralidad (que incluso dio pie al término “finlandización”, o sea, una neutralidad semejante a un “protectorado” respecto a la potencia adyacente), ha abierto un frente de 1340 kms. de largo, al que ahora Rusia tiene que destinar muchos más soldados y equipo militar para su vigilancia, que en el pasado.

En suma, Rusia logró algunos de los objetivos que se planteó inicialmente, pero las repercusiones de su operación militar han sido mucho mayores.

Ahora Putin es un “criminal de guerra” según la Corte Penal Internacional y Occidente ya no aceptará en el corto o mediano plazos ningún pacto con él; la economía rusa está prácticamente desvinculada de Occidente; el objetivo de Putin de que Rusia fuera uno de los tres polos principales de la sociedad internacional (con Estados Unidos y China), está más lejos ahora que antes, ya que Rusia depende de la alianza con China para que su economía no se desplome y también como disuasivo ante cualquier aventura bélica de Occidente contra los rusos. 

¿Hubiera estado mejor Rusia aceptando una ofensiva ucraniana contra la región del Donbas, sin que Rusia interviniera directamente, sino sólo ayudando mediante el grupo Wagner y con apoyo logístico y militar a las provincias escindidas? Vistas las consecuencias de la “Operación Militar Especial” es posible que sí. Pero el hubiera no existe, y ahora Putin tiene que adaptarse a las circunstancias actuales, para sacar el mejor provecho (o al menos las consecuencias menos negativas) de la decisión tomada.

Así, ahora Rusia debe ser más autosuficiente en alta tecnología, que antes importaba de Occidente en distintos rubros; está buscando con China el desarrollo de un sistema financiero alterno al que domina Estados Unidos; sus fuerzas armadas habrán aprendido de sus numerosos errores en Ucrania y podrán corregirlos en el futuro; se ha probado armamento de  última generación (como los misiles hipersónicos) y el tipo de defensas que Occidente tiene (así como su armamento ofensivo), por lo que ahora los rusos podrán prepararse mejor para un posible enfrentamiento directo con la OTAN; queda claro que guardar sus reservas internacionales en los bancos de Occidente es como regalárselas, por lo que ahora Rusia deberá resguardar en su propio territorio dichas reservas, etc.

Estados Unidos

Para Washington la intervención rusa en Ucrania ha servido para separar a Europa de Rusia, que con la dependencia del gas y el petróleo rusos para la economía europea, llevaba a una relación cada vez mayor entre ambos actores.

Ahora Estados Unidos ha podido forzar a los europeos a desvincularse económicamente de los rusos, y a depender en parte del gas licuado estadounidense (más caro y con más problemas logísticos), para el funcionamiento de su economía.

Para Estados Unidos el que Rusia se involucrara en una acción bélica del tamaño de la realizada en Ucrania, le abrió las puertas para estigmatizar y demonizar a Rusia en el ámbito internacional; intensificar la guerra híbrida que desde el 2014 (con la ocupación rusa de la península de Crimea) ya había iniciado; utilizar a Ucrania como peón en su “competencia estratégica” contra Rusia (y China), en el caso del teatro europeo; elevar su gasto militar y obligar a sus aliados europeos y de otros continentes a hacer lo mismo, con lo que los pedidos por miles de millones de dólares al complejo militar-industrial de Estados Unidos se elevaron exponencialmente; empantanar a Rusia en un largo conflicto en Ucrania, que desgaste su potencial militar y económico, genere problemas sociales dentro de Rusia y la aísle de Occidente y de los países vasallos del Sur Global; presentarse nuevamente como los defensores de los “débiles” y del “orden internacional basado en reglas“ (las de Occidente por supuesto); comprometer a Ucrania como una “base militar” apuntando al corazón de Rusia, sin importar ya demasiado que forme parte integral de la OTAN; y, probar su armamento (entregado a Ucrania) en combate real, ante uno de los dos grandes rivales de Estados Unidos en la escena internacional, así como las capacidades reales de los rusos en una conflagración que utiliza elemento humano de Ucrania, pero cuyos armamentos son en su mayoría proporcionados al gobierno de Kiev por los países miembros de la OTAN.

Así, Estados Unidos mantiene hasta el momento sus objetivos de debilitar todo lo que pueda a Rusia y aislarla internacionalmente; de ser posible, derrotarla militarmente en el territorio ucraniano, y a partir de ahí iniciar un desgaste mayor al gobierno de Putin, con el descontento social y político internos, ya no sólo ante los altísimos costos humanos y económicos que se están generando para Rusia, sino ante la posibilidad de que el conflicto llegue hasta las mismas ciudades rusas; lo que llevaría a un cambio de régimen en Moscú, que Estados Unidos esperaría le pudiera favorecer, impulsando como líder de Rusia a algún personaje débil y manipulable, como en su momento lo fue Boris Yeltsin.

Por todo ello, para Washington y sus países aliados y vasallos, lo mejor es que más allá del resultado de la contraofensiva ucraniana, el conflicto se mantenga por mucho tiempo más, con objeto de debilitar lo más que se pueda a Rusia, empantanarla en el conflicto y eventualmente conseguir cambios internos en Rusia que beneficien los objetivos de Occidente (básicamente dividir a Rusia en 5 ó 6 países diferentes, tal como se hizo con Yugoslavia, que puedan ser explotados económicamente, contrapunteados unos con otros y finalmente debilitados, para que ya no constituyan un competidor estratégico de Estados Unidos).

De ahí que la única forma de que el conflicto entre en una etapa de cese al fuego y negociaciones es que uno de los dos se debilite tanto en el campo de batalla, que ya no tenga otra alternativa que negociar.

Pero en el caso de Ucrania, Occidente no va a permitir que se debilite. Por el contrario, tras cada derrota ante los rusos, la OTAN redoblará y triplicará la ayuda a Ucrania, para que se mantenga en la lucha, sin importar la destrucción que ello siga ocasionando a la infraestructura del país, ni la matanza que ello significa.

Por lo anterior, sólo las poblaciones de los países de la OTAN y de la propia Ucrania podrían detener esa trayectoria, al protestar y apoyar a candidatos y políticos que se opongan a dichas decisiones, dado el costo que tiene para sus países, para Ucrania, para Rusia y para el mundo.

Ese rechazo interno en los países de la OTAN, del Sur Global, de Ucrania y Rusia mismas, y la presión de potencias como China, India, Brasil, Turquía, podrían generar el espacio idóneo para un cese al fuego y para el inicio de negociaciones de paz.

Pero las élites occidentales harán todo lo posible para que eso no pase, pues sus objetivos son muy claros: la desaparición de Rusia como gran potencia mundial y su “balcanización” para explotarla económicamente y convertirla en una vasalla.

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