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Zapata

viernes, 19 de mayo de 2023

 ¿CUÁL TRANSFORMACIÓN?

Según la narrativa de López Obrador (AMLO) y su coalición gobernante, las elecciones presidenciales del 2024 -y para la renovación del Congreso, se simplifican en si se quiere continuar con la transformación del país o no.

¿Qué transformación, según López Obrador se ha verificado durante su periodo gubernamental (2018-2024)?

-      Separación del poder político del económico.

-     Recursos económicos gubernamentales entregados directamente a la población, a través de diversos programas sociales.

-      Reducción de la pobreza.

-      Casi extinción de la corrupción en el gobierno (federal y estatales).

-      Recuperación del poder adquisitivo del salario.

-      Disminución de la violencia e inseguridad en el país.

-      Defensa de la soberanía nacional.

-      Grandes obras de infraestructura.

-      Crecimiento económico con mejor distribución de la riqueza.

-      Gobierno austero y sin despilfarro.

-      Sistema de salud de primer mundo (como Dinamarca).

¿Parece casi el paraíso, verdad?

Veamos los resultados, hasta ahora, de esta narrativa que el gobierno machaca día tras día a la población, y que afirma es por lo que los votantes deben refrendar el dominio del actual partido gobernante, el Movimiento de Regeneración Nacional (Morena), no sólo en la presidencia y el Congreso (con dos terceras partes, para poder modificar la Constitución), sino en estados y municipios; e incluso, en la Suprema Corte, que debería estar dominada por incondicionales de la llamada “Cuarta Transformación”.

Separación del poder político del económico

AMLO ha basado buena parte de su carrera política denunciando el inmoral y corrupto pacto entre los oligarcas del país, el famoso 1% más rico, con los gobiernos neoliberales del PRI y del PAN (entre 1982 y 2018), lo que propició la enorme concentración del ingreso que caracteriza a México; la corrupción desbocada de los gobernantes; el olvido de las demandas y necesidades de los más pobres del país y la acumulación de privilegios y riqueza en una élite política y económica a la que él denominó “la mafia del poder”.

Se suponía que con su llegada a la presidencia, contando con cómodas mayorías en las Cámaras de Diputados y Senadores, AMLO iniciaría un proceso de efectiva separación de los intereses de una minoría oligárquica todo poderosa y el gobierno federal.

Al principio de su administración, AMLO obligó a varios de esos magnates y a grandes empresas a pagar impuestos que no habían liquidado al fisco (Walmart, Grupo Modelo, BBVA, América Móvil, Grupo Bal, Femsa, entre otras).

Así, mientras del 2013 al 2018 los grandes contribuyentes (que representan el 0.3% del total, pero aportan el 47% del total de impuestos recaudados)[1] pagaron 501,133 millones de pesos; en los tres años y 10 meses del inicio del gobierno de AMLO, se logró que pagaran 679,511 millones de pesos. Es decir, un 9.5% más en términos reales.

Sin duda ello es un signo muy positivo en comparación con administraciones anteriores; sin embargo, esto no ha cambiado prácticamente en nada el porcentaje real que las grandes empresas pagan de impuestos y que en promedio es un 5.89% de sus ingresos; mientras un empleado o profesionista paga entre 20 y 30% de sus ingresos.

Por otro lado, se hubiera esperado que los grandes magnates que forman parte de la llamada por AMLO “mafia del poder”, en vista de que tendrían menos acceso privilegiado a los contratos gubernamentales y pagarían más impuestos, tendrían una merma en sus fortunas.

Pues esto no ha sucedido, muy por el contrario, entre el 2019 y el 2021 por cada 100 pesos de riqueza creada en el país, 21 se fue al 1% más rico y 0.40 centavos al 50 por ciento más pobre.

De hecho según Oxfam[2] las fortunas de los superricos en México crecieron 117 veces más que el resto de la economía en esos tres años (2019 al 21), o sea la mitad del gobierno de AMLO.

Las fortunas de los superricos mexicanos crecieron 33% durante la pandemia, a diferencia del conjunto de la economía mexicana que se derrumbó más de 8% en 2020.

Por lo que se refiere al acceso de los superricos al poder político, no parece tampoco que eso haya cambiado mucho, ya que el hombre más rico de México y América Latina, Carlos Slim, se reúne con frecuencia con el presidente en Palacio Nacional o en su finca en Palenque Chiapas, en comidas que duran más de tres horas.

Así también, AMLO conformó un Consejo Asesor Empresarial, que se reúne con el tres o cuatro veces al año, y que está conformado por grandes empresarios[3], y dos que son “compadres” y amigos cercanos del presidente, Daniel Chávez del Grupo Vidanta (quien dio “empleo” al hijo mayor del presidente en Houston, Texas) y Miguel Arredondo de Biopapel.

Otro personaje muy cercano de AMLO es el empresario de la construcción José María Riobóo (quien fue uno de los principales encargados de la construcción de los “segundos pisos” durante el gobierno de AMLO en la ciudad de México 2000-2005), a cuya esposa, Yasmín Esquivel, AMLO impulsó a la Suprema Corte de Justicia como ministra, y que ha generado uno de los mayores escándalos en el Poder Judicial, al descubrirse que plagió su tesis de licenciatura en Derecho en la UNAM. Pero aun así, sigue en la Corte. AMLO la quiso impulsar a la presidencia del máximo tribunal del país, pero el escándalo de la tesis evitó que esto sucediera.

Como se puede deducir de todo lo anterior, la supuesta “separación” del poder político respecto al económico, dista mucho de ser verdad, y en este primer punto no ha habido mayor transformación respecto a los anteriores gobiernos neoliberales; pero a AMLO eso no le importa y mantiene su narrativa día tras día, pues sabe que sus seguidores poco o nada se enteran de esta intimidad que él mantiene con las grandes fortunas del país.

En sucesivas entregas seguiremos analizando los otros puntos de la “Cuarta Transformación”.



[3] Germán Larrea del Grupo México, Ricardo Salinas de TV Azteca, Carlos Slim de Grupo Carso, Bernardo Gómez de Televisa, Olegario Vázquez Aldir de Grupo Angeles,Alejandro Bailléres del Grupo Bal, Carlos Hank de Banorte y Sergio Gutiérrez del Grupo Deacero.

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