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Zapata

lunes, 27 de junio de 2022

LA SUCESIÓN PRESIDENCIAL ADELANTADA, MIENTRAS EL PAÍS SE HUNDE

No cabe duda de que el presidente López Obrador (AMLO) conoce bien la idiosincrasia del mexicano. Sabe perfectamente como distraer al público y a los medios de comunicación de los reales problemas del país.

Desde el año pasado el presidente abrió el juego sucesorio, mencionando a 5 o 6 de sus colaboradores como sus posibles sucesores; y entre burlas, provocando a los partidos de oposición para que también ya comiencen a buscar a sus posibles candidatos presidenciales.

La realidad es que el presidente  ha diagnosticado el muy caótico cierre de sexenio que le espera, y por ello ha adelantado el proceso sucesorio, sabiendo que si algo ha fascinado a la clase política, a los medios de comunicación, a los analistas y al público medio interesado en los asuntos políticos, es el juego sucesorio, que desde la época priista ha concitado tanta atención y polémica.

Con ello AMLO logra dos objetivos primordiales, primero desvía la atención de problemas serios, que no se resolvieron mínimamente, ni se resolverán en lo que queda de su gobierno, como la inseguridad, con más de 120 mil homicidios dolosos durante su administración (más que los dos anteriores gobiernos de Calderón y Peña Nieto); más de 100 mil desaparecidos; y una tasa de impunidad de más del 96% de los delitos.

Eso, sumado al crecimiento exponencial del delito de extorsión y cobro de piso en todo el país, que exprime aún más recursos económicos a la población, ya golpeada por dos años de pandemia y de cierre obligado de actividades económicas; que ahora, también debe sufrir los efectos de una inflación de casi 8%, un crecimiento económico raquítico que este año no llegará ni a 2% (y en promedio, en todo el sexenio seguirá con la misma tendencia); y tasas de interés que podrían llegar al 10% al final de año, para combatir la inflación, pero que provocarán un freno mayor a la economía.

El segundo objetivo de AMLO es adelantarse a la oposición política en la campaña presidencial, aprovechando la visibilidad que él puede darle a sus posibles sucesores desde el gobierno, y así ganar presencia entre la población para sus precandidatos; además de que mantiene el control del proceso sucesorio dentro de su coalición gobernante.

En suma el país, se debate en una crisis de inseguridad, violencia e impunidad cada vez más aguda; en medio de una precaria y mediocre situación económica y con una creciente polarización política y social (azuzada desde la misma presidencia de la República); ahora estará dos años entretenido en las apuestas y especulaciones sobre quiénes serán los candidatos presidenciales, mientras los problemas siguen creciendo y el país se sigue hundiendo.

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