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Zapata

martes, 24 de mayo de 2022

 ESTADOS UNIDOS, MATANZAS Y CULTURA DE LA MUERTE

Una nueva matanza se registró hoy en los Estados Unidos, cuando un asesino terminó con la vida de 19 niños y dos maestros en una escuela primaria en la localidad de Uvalde, en el estado de Texas.

Masacre tras masacre, año tras año, en el país más poderoso del mundo, ya sea en escuelas (van 27 este año), cines, centros comerciales e incluso dentro de instalaciones militares, ya no es la excepción, sino la norma (212 en lo que va de 2022).

Los políticos, los burócratas, los policías, sociólogos, psicólogos, comunicadores, sacerdotes, etc. se devanan los sesos una y otra vez después de cada masacre, tratando de explicar a la ciudadanía, al mundo y a sí mismos, cuáles son las razones que están detrás de esta epidemia de matanzas, desde por lo menos unos 25 años, en los Estados Unidos.

La más común, que proviene del campo progresista y liberal, es que es demasiado fácil conseguir, comprar o hacerse de armas de cualquier calibre, ya sea para tenerlas en casa, negocios o para portarlas, con la justificación de que es para defensa personal.

Ningún otro país del mundo tiene la cantidad de armas que poseen los estadounidenses; 120 armas por cada 100 habitantes, mientras que en la Unión Europea son 15 armas por cada 100 habitantes[1].

Como sabemos, los republicanos y los fabricantes de armas son los principales promotores de esta política que favorece la tenencia de armas, basada en la Segunda Enmienda de la Constitución de los Estados Unidos, que da ese derecho a los habitantes del país.

Ello explica en parte el aumento en el número de homicidios con arma de fuego reportado por los Centros de Control de Enfermedades y Prevención (último dato disponible), pues durante 2020 hubo un incremento del 35%; la cifra más alta desde 1994[2], llegando a más de 45 mil muertes relacionadas con armas de fuego durante la pandemia (19 mil de las cuales fueron homicidios; el resto suicidios, accidentes, etc.).

Pero esto no es la única razón, también se ha comentado insistentemente que los problemas mentales son causa de muchos de estos eventos mortales, ya que individuos mentalmente inestables han sido los responsables de varias matanzas.

Si bien la cantidad de armas y de individuos con enfermedades mentales explican en parte la recurrencia de masacres en Estados Unidos, no pueden ser las únicas vertientes.

Una parte relevante de la explicación tiene que ver con la “cultura de la muerte” que continuamente se glorifica y se mitifica en los medios de comunicación, la literatura y especialmente el cine y la industria del entretenimiento de Estados Unidos.

Película tras película; serie tras serie de televisión, las armas, los enfrentamientos a tiros, las drogas, la exaltación de los “mafiosos”, son constantes en las tramas y guiones de las empresas productoras de cine y televisión; e incluso de libros y revistas.

Ya sea que se exalte el poderío militar de Estados Unidos y de sus “héroes” tipo Rambo, que matan a cientos de “amarillos” (normalmente vietnamitas o chinos), “morenos” (como siempre, latinoamericanos dedicados al narcotráfico), “negros”, rusos, alemanes (como siempre, considerados nazis), musulmanes (como siempre considerados terroristas), etc.; o los detectives y policías que asesinan sin rubor (al estilo Clint Eastwood) a los criminales; la cultura de las armas, la muerte, la destrucción del “otro”, es permanente en ese país. Y está convalidada y promovida por las propias élites económicas y políticas de Estados Unidos.

Estados Unidos es un país “guerrero”; se mantiene en permanente estado de guerra, contra todo aquel país o grupo social o económico, que no reconozca su hegemonía (ellos lo llaman “liderazgo”), y que no acate sus órdenes.

Precisamente por ello el establecimiento político-económico-militar, necesita tener a una población en permanente estado de guerra, listo para cuando se le necesite, y con la mentalidad acondicionada para matar, destruir, cuando y en donde se le ordene.

Las élites estadounidenses requieren una población que no se cuestione en ningún momento porqué bombardean ciudades (Dresde); aniquilan poblaciones enteras (Hiroshima, Nagasaki), cometen atrocidades contra la población civil (Vietnam); torturan (Abu Ghraib), etc.

Necesitan hombres y mujeres deshumanizados, que a su vez vean a los “otros”, a los que las élites estadounidenses necesitan avasallar, como subhumanos, a los que pueden destruir sin consecuencias (no por nada Estados Unidos no acepta la jurisdicción de la Corte Penal Internacional; quiere manos libres para cometer sus atrocidades en todo el mundo).

Pero ello tiene su costo interno. Esos asesinos que envía a todo el mundo Estados Unidos, eventualmente regresan a casa (came home to roost)[3], con problemas mentales que los llevan al suicidio[4] o a cometer las atroces matanzas que hemos visto en las últimas décadas.

Otra variable que explica esas masacres es el aumento del racismo en Estados Unidos, instigado por las élites derechistas y conservadoras, que consideran que los blancos están siendo desplazados y hasta sustituidos por miembros de otras razas y países; por lo que desde hace años han lanzado toda una campaña racista contra negros, latinos, musulmanes, asiáticos, etc. Todos aquéllos no blancos y no europeos.

Ello obviamente ha tenido su influencia en personas con poca educación, fácilmente manipulables, que acaban formando parte de grupos supremacistas blancos o por sí solos, se convierten en “lobos solitarios” que intentan “resolver” ese problema, llevando a cabo masacres contra los miembros de minorías raciales o étnicas.

Así que, como podemos ver, no es sólo un factor o dos los que explican las continuas matanzas en los Estados Unidos, sino principalmente toda una política que viene del propio establecimiento político-económico-militar estadounidense y de las élites, que ha creado una verdadera “cultura de la muerte”, que se ha extendido a lo largo y ancho del país y de los distintos estratos sociales, y que no va a cambiar en tanto dichas élites mantengan sus objetivos de dominio mundial y subyugación del resto del mundo.

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