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Zapata

lunes, 9 de mayo de 2022

 EL TEMOR A LA VERDAD

En los últimos tres años, gobiernos de todo el mundo y de diferente signo ideológico han estado promoviendo y aprobando leyes; y/o creando oficinas gubernamentales encargadas de censurar toda aquella información que pueda cuestionar, transparentar o sólo hacer burla de sus decisiones y acciones, calificándola como “desinformación” o simplemente “mentiras”.

Como ya sabemos, gobiernos abiertamente autoritarios como el de Corea del Norte, no permiten a su población acceder a las noticias y opiniones del exterior; en buena medida, similares controles (aunque no llegan a los niveles de Corea del Norte), existen en China y ahora en Rusia, a partir del inicio de su “operación militar especial” en Ucrania.

Pero da la casualidad de que en la Unión Europea y en Estados Unidos ya existen medios legales para sancionar a empresas de comunicaciones e individuos que se considera “diseminan” información, que los reguladores europeos o las autoridades estadounidenses consideran “desinformación”.

Así, la Unión Europea tiene un Código de “buenas prácticas en materia de Desinformación”[1], en el que se define a la “desinformación” como:

-      “información verificablemente falsa o engañosa que de forma acumulativa se crea, presenta y divulga con fines lucrativos o para engañar deliberadamente a la población”, y

-      “puede causar un perjuicio público”, entendido como “amenazas contra los procesos democráticos y la elaboración de políticas, así como contra los bienes públicos, como la protección de la salud, la protección del medio ambiente o la seguridad de los ciudadanos de la Unión Europea”.

En el mismo tenor, la administración de Joe Biden acaba de crear dentro del Department of Homeland Security (DHS) un “Disinformation Board”[2], encargado de definir cuáles informaciones son “fake news” y cuáles son consideradas como riesgos a las políticas establecidas por el gobierno.

Incluso en México, el presidente López Obrador ha designado a una joven e inexperta funcionaria para que todos los miércoles, durante su conferencia de prensa “mañanera” exponga las “noticias falsas”, que él considera se dirigen contra su gobierno en la prensa y en las redes sociales.

Como en la novela de George Orwell, 1984, gobiernos alrededor del mundo están estableciendo sus “Ministerios de la Verdad”, mediante los cuales, no sólo pretenden censurar la información que surge de la sociedad y que no pueden controlar en principio, sino ahora también la están criminalizando, para enviar el mensaje de que cualquier disenso, crítica, duda, burla o lo que no sea del agrado de los poderosos en turno, será eliminado de los medios de comunicación y peor aún, será castigado con cárcel.

Hay un miedo a la verdad, disfrazado justamente como una “defensa de la verdad”, puesto que dicha verdad, para los gobernantes y las grandes corporaciones, sólo puede emanar de ellos.

Y con esto no se quiere decir que todo lo que aparece en redes sociales, por ejemplo, está basado en hechos incontrovertibles. Es claro que grupos económicos, políticos, criminales, etc. difunden información sin verificar, noticias falsas y basura informativa.

Pero los gobiernos en el mundo están usando ese pretexto para ir uno o varios pasas más allá, y censurar críticas y señalamientos válidos contra sus decisiones y acciones que afectan a la población de sus países.

En todo caso, si se quiere exponer a aquellos que usan los medios de comunicación y las redes sociales para difundir basura informativa, tendrían que existir paneles y organizaciones paritarias de gobierno y sociedad civil que estudiaran y analizaran la información claramente dañina para la sociedad, excluyendo de ello cualquier tipo de censura. En todo caso, incluyendo avisos o alertas para los consumidores de dicha información de que no está independientemente verificada y que quien la lea o distribuya lo hace a sabiendas de que no es verdadera o no está suficientemente validada.

Pero los gobiernos desean cerrar los flujos de información que les afectan directamente y que cuestionan sus decisiones y forma de gobernar, y aprovechan la mucha basura informativa que hay en redes sociales, para disfrazar sus intentos de censura y de castigo contra la crítica legítima.

Malos tiempos los que se viven, y peores aún los que vienen, dado que el mundo se ha dividido desde hace una década nuevamente en dos bandos irreconciliables, que consideran sólo su “verdad” como la única, y ello va a llevar a más ataques a la libertad de expresión y más controles para las poblaciones en todo el mundo.

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