Los diferentes partidos políticos y precandidatos a la
presidencia de la República en nuestro país están ya en el frenesí de la contienda
electoral, a un año de su realización, con propuestas de coaliciones, alianzas,
frentes amplios opositores y aún la posibilidad de incluir una segunda vuelta
para dichos comicios.
Por un lado, la coalición de partidos que sostienen al actual
gobierno, formada por el PRI, PVEM, PANAL y el PES[1]
ha establecido ya cuál es su estrategia para las elecciones del 2018:
utilización de todos los recursos financieros, materiales y humanos del Estado,
en sus vertientes legal e ilegal, para mantener en el poder a dicha coalición,
sin importar el daño que se le haga a la imagen del país, las críticas y
demandas de la oposición por el uso faccioso del poder del Estado, ni el
deterioro que se le ocasionará a las instituciones en materia electoral. Ya
comprobaron en las elecciones locales de este año en el Estado de México y
Coahuila que la oposición, tanto de izquierda en el primer estado; como de
derecha en el segundo, no contaron con la organización, los recursos, ni la
voluntad para retar después de las elecciones, el triunfo de los candidatos de
la coalición gobernante. De ahí que desde el presidente Peña Nieto, pasando por
los gobernadores, presidentes municipales, dirigentes de partidos y legisladores
de dicha coalición; hasta la militancia misma, la consigna es, mantener el
poder a toda costa.
Por lo que respecta a la oposición dentro del sistema
establecido, es decir aquéllos partidos que en lo general han apoyado y avalado
las políticas del presidente Peña, en especial el denominado Pacto por México y
las llamadas “reformas estructurales” emanadas de él, que fueron incorporadas a
la Constitución; es decir, PAN, PRD y MC[2],
buscan retar al PRI y sus aliados, para arrebatarles el poder, pero sin modificar
en lo esencial las políticas que se han impuesto en México en los últimos 30
años (neoliberalismo económico, “guerra contra el narcotráfico”, “integración”
política y económica con Norteamérica; asistencialismo social y estabilidad
política interna); subrayando que la incompetencia, la corrupción y la falta de
voluntad política para aplicar dichas políticas, han sido las causas de los
principales problemas del país, pero insistiendo en que el camino propuesto
inicialmente es el correcto.
Es Morena (con su aliado el PT)[3],
el único actor político, que jugando dentro de las reglas del sistema,[4]
pone en entredicho dichas políticas y sin manifestarse de plano por su
abolición, llama a que sea el pueblo (mediante plebiscitos y referéndums) el
que decida el rumbo del país en materia política, económica y social, sin dar
por sentado que dichas políticas son las que necesita el país; y por el
contrario, criticando acremente los resultados de varias de ellas en las últimas
décadas.
De ahí que los principales beneficiarios del actual sistema político
y económico se han lanzado con todos sus recursos propagandísticos en contra de
Morena y de su seguro candidato presidencial, Andrés Manuel López Obrador, pues
su principal objetivo es que el sistema se mantenga, pues así los grupos políticos,
sectores sociales y conglomerados empresariales que han resultado ampliamente
beneficiados con dichas políticas, no se verán afectados por un cambio en las
mismas (el 10% de la población se queda con el 65% del PIB; sólo 210,000
participantes en la Bolsa Mexicana de Valores concentran el 22% del PIB; según
la OEA, en México se destina cada año el 10% del PNB a la corrupción, lo que
equivale a 100,000 millones de dólares).
En este punto vale la pena retomar una parte de las
respuestas que el presidente ruso Vladimir Putin dio al cineasta Oliver Stone,
en una serie de entrevistas que le hizo éste último al líder ruso entre 2015 y
2017, y que se han dado a conocer en las últimas semanas.
Oliver Stone le preguntó a Putin si Gorbachev[5]
le influyó de alguna manera. Y Putin contestó lo siguiente: “El problema es
este, el sistema ya no era eficiente desde sus raíces. ¿Y cómo puedes cambiar
radicalmente el sistema, pero preservando al mismo tiempo al país? Eso es algo
que en ese tiempo nadie sabía---incluido Gorbachev. Y sin embargo, ellos
empujaron al país al colapso”.[6]
Se presenta aquí un dilema, que Putin subraya. Para salvar al
sistema comunista de su colapso, Gorbachev hizo cambios tan drásticos que acabó
poniendo en peligro al país mismo, al dejarlo a merced de las potencias
occidentales, los oligarcas locales, el crimen organizado y la lucha de
facciones políticas, con un liderazgo disminuido y corrupto, como el de Boris
Yeltsin.
Bueno pues resulta que con toda proporción guardada, Peña con
sus reformas estructurales (que prácticamente le fueron redactadas en el
Consejo de Relaciones Exteriores y en el Centro Woodrow Wilson en Estados
Unidos) intentó “salvar al sistema” de su colapso, y lo que ha hecho en cambio,
es poner al país con un pie en el despeñadero.
Lo que intentaron las élites beneficiarias del actual sistema
político y económico fue refuncionalizarlo dentro del paraguas de la potencia
hegemónica; pero manteniendo la misma explotación bestial de la mano de obra
(México es el país con el segundo peor salario mínimo en América Latina, sólo
superior a Nicaragua); de sus recursos naturales y financieros. Las reformas
estructurales tuvieron como objetivo acabar con los últimos remanentes del
Estado de Bienestar surgido en la posrevolución; de la economía mixta y del
nacionalismo revolucionario que prevaleció en el país desde 1917 hasta 1987
(cuando la tecnocracia triunfa en la elección interna del candidato del PRI a
la presidencia de la República, con la postulación de Carlos Salinas de Gortari).
¿Cómo podían esperar que las mismas políticas profundizadas
cada vez más, podrían dar resultados distintos a los que han dado por más de 30
años? Simplemente el sistema político y económico ha generado lo que de él se
esperó desde el primer momento en que se le implantó, a fines de la década de
los años 80 del siglo pasado: brutal concentración del ingreso; absoluta
dependencia económica (y ahora también en seguridad y en política exterior)
respecto a Estados Unidos; extensión de la pobreza; aumento de la violencia y
el crimen organizado; permanencia y profundización de la corrupción y la
impunidad; crisis en materia de respeto a los derechos humanos; estancamiento
económico y debilidad del mercado interno; extensa economía informal con baja
productividad; enclaves de modernización y desarrollo v.s. la mayor parte del
país sumido en el atraso y la marginación.
De ahí que tanto las estrategias políticas para las
elecciones presidenciales del próximo año, como los enfoques analíticos en
materia de ciencia política para explicarnos lo que sucederá en los próximos
doce meses, surgirán de planos y visiones totalmente distintos.
Por un lado la coalición gobernante liderada por el PRI busca
mantener el poder, y por lo mismo su intención es que el sistema siga
funcionando como hasta ahora. De ahí que su enfoque analítico partirá de variables
y conceptos que buscan el “mantenimiento de patrones”. Es decir cuáles son “las
condiciones del mantenimiento de un patrón básico por una estructura o sistema
político, y … los procesos por cuyo conducto se logra tal preservación”.[7]
Dicho mantenimiento de patrones no se refiere a que no existan cambios, sino a
que se mantienen las características esenciales de un patrón político dentro de
límites bien definidos.
Por lo que respecta a la oposición dentro del sistema, esto
es básicamente PAN y PRD, buscan un cambio en las élites que detentan el poder
y al mismo tiempo un cambio en la manera de elaborar y aplicar las políticas,
todo lo cual forma parte de un enfoque que tiene que ver con los “patrones de
control”, y cuya principal área es el estudio del poder.[8]
Y por último, en lo que se refiere a Morena, si bien se puede
decir que su objetivo es llegar al poder, el punto primordial es cambiar al
sistema, antes de que el sistema termine por destruir al país. De ahí que el
enfoque de análisis tiene que ser el de los patrones de cambio. El asunto es
que algunos plantean el cambio como una evolución pausada, mientras otros lo
ven como una ruptura.[9]
Incluso los actuales detentadores del poder político en México insisten en que
el sistema ha venido cambiando en los últimos 30 años, a través de su “modernización”.
En cambio, los críticos del sistema señalan que esa modernización
se ha concentrado en el 25 o 30% de la población, dejando al margen a la gran
mayoría.
Así, el único agente de cambio real para el 2018, que no
busca su “estabilidad” o su “modernización” -pero sin que una ni otra se
refleje en mejores niveles de vida, seguridad y progreso para la gran mayoría
de la población- es Morena, por lo que es considerado, una vez más (como lo fue
López Obrador en 2006) un “peligro”, pero no para México, sino para el sistema
imperante, que está volcado a sostenerse, aún a costa de la destrucción de la
economía, la sociedad y la soberanía del país.
[1]
Partido Revolucionario Institucional, Partico Verde Ecologista de México,
Partido Nueva Alianza y Partido Encuentro Social.
[2]
Partido Acción Nacional, Partido de la Revolución Democrática y Movimiento Ciudadano.
[3]
Movimiento de Regeneración Nacional y Partido del Trabajo.
[4]
Hay otros que rechazan participar en el sistema como los grupos armados EPR,
ERPI o FARP. En cambio el EZLN en conjunto con el Consejo Nacional Indígena, ha
decidido participar en las elecciones presidenciales con una candidata
independiente.
[5]
Dirigente de la URSS entre 1985 y 1991.
[6]
http://original.antiwar.com/justin/2017/06/25/tried-kill-putin-five-times/
[7]
Young R. Oran; Sistemas de Ciencia Política; FCE; México; Primera reimpresión
1982; 216 págs.; p.20.
[8]
Ibidem. P. 21-22
[9]
Ibid. P.23
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