SE COMPRUEBA LA COMPLICIDAD DE
AUTORIDADES MEXICANAS CON LOS CÁRTELES DEL NARCO: SE FUGA EL “CHAPO” GUZMÁN
Por segunda vez Joaquín “el Chapo” Guzmán Loera se escapa de
una supuesta cárcel de “máxima seguridad (sic)”. Ayer por la noche el conocido
narcotraficante huyó por un túnel construido desde la regadera de su celda, hasta
una casa en construcción, a kilómetro y medio del Centro Federal de “Readaptación
Social (sic)” Número 1 (CEFERESO No.1), el Altiplano (en Almoloya de Juárez,
Estado de México); según información dada a conocer por el Comisionado Nacional
de “Seguridad (sic)”, Monte Alejandro Rubido García.
Recordemos que hace 22 años, el 9 de junio de 1993, “el Chapo
Guzmán”, líder del cártel de Sinaloa, fue capturado por primera vez en la
frontera de México con Guatemala, y fue recluido en el mismo CEFERESO No. 1 del
que se acaba de escapar, hasta el 22 de noviembre de 1995, cuando fue
trasladado al CEFERESO de Puente Grande, en Jalisco.
El 18 de enero de 2001, a tan sólo un mes y medio de que
tomara posesión de la presidencia de la República, Vicente Fox, constituyendo
el primer presidente no priísta en 73 años, “el Chapo” se fugó del Penal de
Puente Grande, dejando en ridículo a la recién estrenada administración
foxista, y en especial al principal responsable del sistema penitenciario del
país, el entonces subsecretario de Seguridad Pública, Jorge Tello Peón, quien
había sido director general del Centro de Investigación y Seguridad Nacional
(CISEN) en el último año del gobierno de Salinas y la mayor parte del de
Ernesto Zedillo, y quien tuvo en esos años como subordinado a Monte Alejandro
Rubido, quien fue secretario general del CISEN y antes de eso, Director de
Investigación.
El “Chapo Guzmán” fue el narcotraficante más buscado desde
entonces, en todo el mundo, llegando a ocupar el primer puesto dentro de los
más buscados del FBI.
Siempre se dijo que “El Chapo” Guzmán no sólo había sido
ayudado por las autoridades del penal de Puente Grande para escapar, sino que
durante las administraciones de los panistas Vicente Fox (2000-2006) y la del
fascista Felipe Calderón (2006-2012), el “Chapo Guzmán” recibió protección de
altos funcionarios del gobierno para mantenerse en fuga y al frente del cártel
que se convirtió en el más poderoso del país.
Al llegar Peña Nieto a la presidencia, se especuló que la
protección sobre diversos cárteles del narcotráfico seguiría, puesto que los
priístas señalaban que la estrategia de confrontación que había desarrollado
Felipe Calderón había fracasado, por lo que había que intentar otro tipo de
política, lo que se interpretó como un regreso a la vieja fórmula de “negociar”
con los narcos, para bajarle a la violencia en el país y “administrar” el
negocio. Esto no gustó a Washington, por lo que hubo fuertes presiones para que
ello no sucediera, e incluso las agencias de inteligencia de Estados Unidos “pusieron”
al propio “Chapo Guzmán” para que miembros de un equipo especial de búsqueda de
la Marina mexicana lo volviera a aprehender, esta vez en Mazatlán, Sinaloa, el 22
de febrero del 2014, lo que se consideró uno de los golpes más positivos de la
estrategia de seguridad de Peña Nieto.
Ahora “el Chapo” se vuelve a fugar (11 de julio), de una supuesta
cárcel de máxima seguridad, en donde estaba vigilado por 18 custodios (en diferentes
momentos), que ahora están detenidos; había una cámara permanente en su celda,
precisamente para evitar una fuga (¿quién la apagó, o se descompuso, o estaban
volteando a otro lado mientras “el Chapo” construía un túnel para escapar?).
¿Nadie se fijó, escuchó o se dio cuenta, probablemente durante meses, que “el
Chapo” pasaba demasiado tiempo en la regadera? ¿Nadie revisaba continuamente la
celda para detectar cualquier tipo de anomalía?
Por supuesto que se dieron cuenta, tanto los custodios, como
los principales directivos del penal; y aún más, ésta fuga fue concertada con
las más altas autoridades del país; lo que pone en entredicho al mismo Peña
Nieto, al secretario de Gobernación Miguel Angel Osorio Chong, y por supuesto
al Comisionado Monte Alejandro Rubido.
Ya un prominente miembro del cártel de Sinaloa, de hecho su
máximo líder hace 30 años, Rafael Caro Quintero, quien fuera detenido en 1985
en Costa Rica, acusado del asesinato del agente de la DEA, Enrique Camarena
Salazar, después de pasar 28 años en la cárcel, fue liberado por resolución de
un juez, el pasado 9 de Agosto del 2013, lo que pareció una especie de quid pro quo, pues ahora con el visto bueno de las
autoridades mexicanas, se dejaba en libertad al antiguo jefe del cártel de
Sinaloa, y 6 meses más tarde se detenía a Guzmán Loera. Obviamente los estadounidenses ejercieron presión para que se le
reaprehendiera, pero para entonces Caro Quintero ya había desaparecido, y ahora
está peleando jurídicamente para evitar su extradición a Estados Unidos, a
través de sus abogados.
No cabe duda que el cártel de Sinaloa le sabe demasiados
secretos a muchos políticos y funcionarios de éste y de anteriores gobiernos
mexicanos, de lo contrario no se entendería que se le permita escapar con tal
facilidad al considerado narcotraficante más peligroso del mundo, y para muchos
casi ya tan famoso como el que fuera el jefe del cártel de Medellín, Colombia,
Pablo Escobar.
México no es una democracia, sino un país gobernado por una
mezcla de tecnócratas neoliberales subordinados a sus jefes de Washington y
Nueva York (Hacienda, Banco de México, Economía); y de socios y protectores de
los cárteles del narcotráfico (policías de los tres órdenes de gobierno,
gobiernos estatales y municipales, miembros prominentes de partidos políticos,
banqueros), lo que convierte a este país, no por el deseo de su población, sino
por el de sus propios dirigentes políticos y económicos, en una “narcocracia
neoliberal”.
Y como cereza en el pastel, la fuga se da en el momento mismo
en el que Peña Nieto se encuentra en Francia para los festejos del 14 de julio
en ese país, con lo que va a pasear por el exterior una vez más el ridículo de
su administración, como ya lo hizo antes en su viaje a Londres, acompañado de
su frívola corte de familiares y palafreneros.
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