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Volcán Popocatépetl

martes, 14 de septiembre de 2021

 LOS ALIADOS DE LÓPEZ OBRADOR (2)

En esta segunda entrega sobre los aliados del presidente mexicano, analizaremos su subordinación -prácticamente llegando a nivel de convertir al país en un protectorado- ante la potencia hegemónica, los Estados Unidos.

Desde el inicio de su gobierno, López Obrador decidió subordinarse a las demandas, exigencias y chantajes del entonces presidente de Estados Unidos, Donald Trump, que continuamente lo amenazó mediante posibles sanciones económicas (aranceles a todas las exportaciones mexicanas, sin importar lo que estableciera el Tratado de Libre Comercio); cierre de la frontera común y designación de los cárteles mexicanos del narcotráfico como organizaciones “terroristas”, todo con el objetivo de obligar al gobierno mexicano a cambiar su inicial política de migración, más humanitaria y favorecedora del tránsito libre de migrantes por su territorio, a otra restrictiva, encaminada a detener el flujo migratorio y a aceptar convertir a México en “tercer país seguro”, para recibir en el territorio mexicano a los migrantes que solicitaban asilo en Estados Unidos.

Así también, el gobierno de Trump demandó que las fuerzas armadas se convirtieran en las principales encargadas de detener los cargamentos de fentanilo provenientes de Asia, que entran por las aduanas mexicanas, y que pasan de contrabando a los Estados Unidos.

Todo lo aceptó AMLO sin pedir nada a cambio (ahora también la resolución de la Corte Suprema de Estados Unidos para que siga el programa "quédate en México"), demostrando una velocidad y sumisión ante lo demandado por el presidente de Estados Unidos, que aún en Washington, estaban sorprendidos de que un presidente mexicano que había llegado al poder con las banderas del nacionalismo y la defensa de la soberanía aceptara todo lo que se le exigía, sin “meter las manos” siquiera.

Después vino el affaire Cienfuegos (detención en Los Angeles del ex secretario de la Defensa Nacional, acusado por la DEA de nexos con el narcotráfico), en los últimos meses del gobierno de Trump; a lo que AMLO inicialmente respondió (con su ya tradicional ignorancia en temas internacionales) que eso demostraba el nivel de complicidad de los gobiernos neoliberales con el narcotráfico, avalando así las acciones realizadas contra Cienfuegos por las autoridades de Estados Unidos.

Pero inmediatamente se dejó venir la respuesta de la estructura militar mexicana, que vio en la detención de quien fuera su líder durante un sexenio (2012-2018), como una amenaza para todos ellos; y en los hechos, como una acusación de que todas las fuerzas armadas eran cómplices del narcotráfico, dado que su autoridad principal, el secretario mismo, había estado implicado.

Se lo tuvieron que explicar al despistado presidente (como si fuera un párvulo), para que cambiara su narrativa, y entonces se pusiera a defender a las fuerzas armadas y por supuesto al detenido y atribulado General.

El muy acomedido canciller Ebrard[1], que siempre está buscando la manera de incomodar lo menos posible al gobierno de Estados Unidos, se vio obligado a señalarles que, de mantener al General en la cárcel, la cooperación en materia de seguridad entre ambos países se vería seriamente amenazada y especialmente, pondría en tensión las relaciones cívico-militares en México, con las repercusiones que esto podría tener para la gobernabilidad en el país.

El procurador Barr decidió que era mejor mantener contento a su subordinado vasallo del sur, antes de que la situación del General Cienfuegos pudiera escalar y poner en riesgo la relación establecida con el gobierno de AMLO, que tan buen provecho le estaba generando a Washington; y con la ira de la DEA de por medio, el procurador Barr ordenó el desistimiento de los cargos y la devolución del General a México.

A raíz de este incidente, el gobierno de AMLO trató de enviar un mensaje al establecimiento político de Washington de que acciones unilaterales como la llevada a cabo con Cienfuegos, sólo iban a complicarle a él mantener su subordinación hacia los Estados Unidos, por lo que se reformó la Ley de Seguridad Nacional para, en el papel al menos, poner restricciones a la labor de las agencias de seguridad e inteligencia extranjeras en México.

Obviamente ello no gustó en Washington, pero recibieron el mensaje de que lo que pedía AMLO era que no lo exhibieran públicamente como un lacayo, sino que al menos lo tomaran en cuenta cuando realizaran operaciones y decisiones como la de Cienfuegos.

Así, las reformas a la citada Ley, aunque prevalecen, se aplicarán sólo en caso de que Estados Unidos ignore por completo al gobierno mexicano en el tema de seguridad. En todo caso, con mostrar cierta deferencia a las autoridades mexicanas, las agencias estadounidenses podrán seguir actuando a sus anchas en el territorio nacional.

Con Biden, el gobierno de AMLO inició la relación con cierta distancia y de manera algo fría, dado que ya estaba acostumbrado a las órdenes, advertencias y de vez en cuando, a los elogios que venían de la Casa Blanca, con Trump como presidente.

El gobierno de AMLO trató de establecer un “modus vivendi” con el nuevo presidente, tal como lo había hecho con Trump, y ello tenía que ver con dos cuestiones principales.

Primero, México reafirmaría su condición de vasallo y lacayo de Estados Unidos, incluyendo la nueva “guerra fría” contra Rusia y China; y, aceptaría seguir con la política de contención de los migrantes, tal como la estableciera Washington, así como las prioridades en materia de seguridad que establezcan las agencias estadounidenses, a cambio de que no se humille públicamente al gobierno mexicano con acciones y decisiones unilaterales (por lo menos, que las autoridades mexicanas de más alto nivel, puedan ser notificadas con suficiente antelación).

Y segundo, si bien el gobierno de Biden rechazó la intención de AMLO de que el gobierno de Estados Unidos no apoye a organizaciones no gubernamentales que López Obrador considera “enemigas” de su gobierno; al parecer, al menos por ahora, ha logrado que a cambio de las muchas concesiones económicas y socio-políticas que se le han hecho a Estados Unidos a través del T-MEC y en materia de migración y seguridad, el gobierno de Biden no apoye directamente a los opositores políticos de López Obrador en el ámbito interno.

Y es que AMLO ordenó a su principal negociador en el T-MEC, Jesús Seade[2] (hoy embajador en China) cuando todavía era presidente electo, que aceptara todo lo que solicitaran los estadounidenses, con objeto de evitar conflictos con Estados Unidos, que llevaran al gobierno de ese país a aliarse y apoyar a los poderes fácticos que en México están en contra de AMLO (oligarcas no aliados con él; medios de comunicación privados; partidos políticos de derecha; y al inicio del sexenio, las propias fuerzas armadas, que como ya analizamos en la anterior entrega, ahora sí son sus aliadas).

Tal fue el nivel de concesiones que México aceptó en el T-MEC[3], que nuevamente en Washington estaban incrédulos ante la facilidad con la que el gobierno saliente de Peña Nieto y especialmente el entrante de AMLO, aceptaron todas las demandas y exigencias de los negociadores estadounidenses.

Así, por ejemplo, mientras que Canadá logró que en su tratado con Estados Unidos el mecanismo supranacional de solución de controversias inversionista-Estado, quedara eliminado; en el caso del tratado México-Estados Unidos, quedó dentro del T-MEC en el Anexo 14-D del capítulo de inversiones[4].

Debido a ello, la empresa estadounidense Talos Energy está demandando al gobierno mexicano, argumentando que se le está dando preferencia a Pemex para explotar el yacimiento de ZAMA que, según Talos, ellos tienen concesionado desde 2015. Por ahora, Talos afirma que se le tendrían que resarcir 350 millones de dólares en inversiones; pero de acuerdo a lo establecido en el T-MEC, podría solicitar que se le pague todo lo que “dejará de ganar en el futuro” por dicha inversión, lo que puede llegar a sumar miles de millones de dólares.

De hecho, varias empresas mineras y petroleras ya tienen demandado al gobierno mexicano en el sentido de “ganancias futuras no realizadas”, tales como Legacy Vulcan, por 500 millones de dólares; Odyssey por 3540 millones de dólares; y, First Majestic Silver por 500 millones de dólares.

Lo peor es que México está por firmar con la Unión Europea la modernización de su tratado comercial y de inversiones, incluyendo nuevamente este tipo de “solución de controversias” que dejarán en la ruina al Estado Mexicano, pues cualquier empresa estadounidense o europea que considere que no ha sido tratada “justamente” por el gobierno mexicano, lo podrá demandar por la cantidad que se le pegue la gana; y el débil y subordinado gobierno mexicano, que aceptó este tipo de cláusulas leoninas, tendrá que pagar.

En este sentido, si bien AMLO ha dado la impresión últimamente de un apasionado fervor latinoamericanista, atacando a la OEA, para sustituirla por la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC); defendiendo a Cuba cada vez que se presenta la ocasión y criticando la política estadounidense de sancionar y bloquear a los países que no siguen sus directrices, la verdad es que toda esta parafernalia es una forma de “curarse en salud”, tanto ante sus bases izquierdistas en México, como ante los gobiernos progresistas de América Latina, ya que la realidad es que AMLO le ha propuesto a Biden que México se convierta en un aliado, en toda la extensión de la palabra, de Estados Unidos, en su lucha por la hegemonía mundial en contra de China y Rusia.

Una y otra vez en los últimos meses AMLO ha expresado la necesidad de crear un “frente” de todos los países americanos contra Asía (léase China), para contrarrestar su poderío económico; y formar en América una especie de “Unión Europea”, con libertad de comercio en bienes, inversiones, servicios y libertad de movilidad de personas, para que se pueda competir con los asiáticos.

Si bien Washington no ha contestado directa y formalmente a estos desesperados llamados de AMLO, la realidad es que sí le tomó la palabra en lo de que México se suba a la alianza anti-China y por lo pronto, en el reiniciado Diálogo Económico de Alto Nivel entre México y Estados Unidos, Washington ya obligó a nuestro país a poner obstáculos o incluso expulsar a las tecnológicas chinas[5], con la cantaleta de que son un peligro para la seguridad nacional, porque espían en favor del gobierno chino; cuando las que realmente espían son las tecnológicas estadounidenses y especialmente las agencias de seguridad e inteligencia (NSA, CIA, FBI) de ese país, como se ha podido documentar hasta la saciedad en las últimas décadas (Wikileaks, Assange, Manning, Snowden, etc.).

Así que AMLO ha estado dispuesto a terminar de convertir al país en un protectorado de Washington, a cambio de que desde la capital de la potencia hegemónica lo dejen gobernar a los vasallos mexicanos a su antojo, rehaciendo al viejo PRI omnímodo, ahora bajo el nombre de Morena; y también, dejándole algo de margen de maniobra en materia multilateral en política exterior (regresando a la vieja “relación especial”, mediante la cual Washington permitió una política exterior “progresista” de México, a cambio de no aliarse con el bloque soviético).



[1] Recordemos que Ebrard, cuando fue jefe de gobierno de la CDMX (2006-2012) trajo a Rudolph Giuliani como consultor en materia de seguridad pública, sin resolver nada y cobrando varios millones de dólares; así también, cuando Ebrard se “autoexilió” primero en Francia y después en Estados Unidos, cuando su sucesor designado en el gobierno de la CDMX, Miguel Mancera, lo acusó de negligencia y malos manejos en la construcción de la Línea 12 del Metro, se empleó como “asesor” de Hillary Clinton en su fracasada campaña presidencial en 2016. Ebrard también llegó al acuerdo inicial con la administración Trump, antes incluso de iniciar el gobierno de AMLO, para convertir a México en “tercer país seguro”, sin haber consensuado dicha determinación con el Poder Legislativo, las fuerzas políticas del país y en general, la opinión pública nacional. Ahora Ebrard, quiere aparentar que está haciendo algo en lo relativo al contrabando de armas de Estados Unidos a México, con la demanda presentada en una corte de Boston, contra 11 empresas fabricantes de armas, lo que seguramente costará millones de dólares en abogados, varios años de litigio y que las empresas demandadas se acaben saliendo con la suya.; todo ello debido a que Ebrard (y AMLO) ha sido incapaz de comprometer a los gobiernos de Estados Unidos (Trump y Biden) a detener esa venta de decenas de miles de armas, a las organizaciones del crimen organizado en México.

Y también, para obedecer al gobierno de Biden la orden que ha dado a sus vasallos de que reciban a refugiados afganos, después de 20 años de devastar Afganistán, Ebrard, muy acomedido, está recibiendo decenas de familias afganas para cumplir con Washington, y también sumar puntos a su favor en su ya casi fracasada aspiración presidencial (visto que AMLO está apoyando abiertamente a Claudia Sheinbaum, actual jefa de gobierno de la CDMX), ya que varias de dichas familias son de corresponsales de grandes diarios de Estados Unidos como el New York Times y el Washington Post, que últimamente han dado una cobertura muy favorable al desconocido (en Estados Unidos), canciller mexicano. En cambio, también por indicaciones de Washington, Ebrard, que es el verdadero jefe en materia migratoria, está expulsando a todos los haitianos que se pueda del territorio nacional.

[2] Recordemos que Seade, una vez terminado y firmado el tratado, aceptó que Estados Unidos designara “inspectores laborales” en México, para verificar que nuestro país aplicara su legislación laboral acorde a lo establecido en el T-MEC. A cambio, el muy solícito Seade, no demandó reciprocidad, esto es, que nuestro gobierno pudiera nombrar sus inspectores en Estados Unidos, para documentar y denunciar los muchos abusos que se cometen contra los trabajadores mexicanos (documentados e indocumentados) en ese país. Con ello se demostró, una vez más, el nivel de subordinación de nuestro gobierno ante el de Estados Unidos.

[3] Que después, por órdenes de AMLO, se ratificó en el Senado en sólo dos días.

lunes, 13 de septiembre de 2021

 Lideran Colombia y México asesinatos de ambientalistas: ONG

Angélica Enciso L.

https://www.jornada.com.mx/2021/09/13/politica/018n1pol

  

Periódico La Jornada
Lunes 13 de septiembre de 2021, p. 18

Durante 2020 en México ocurrieron 30 asesinatos de defensores de la tierra y el ambiente, con lo cual es el segundo país en el planeta con más crímenes de este tipo, después de Colombia, donde se reportaron 65. A escala global se presentaron 227 ataques, pero en América Latina se dio la mayor cantidad: tres de cada cuatro ocurrieron en la región, y aquí se encuentran siete de los 10 países donde más suceden esos crímenes, advierte el reporte anual de la organización Global Witness.

La ONG indica que la tala de bosques generó más ataques mortales contra defensores ambientales, a lo cual se vincularon 23 asesinatos. En México, hubo un incremento considerable de asesinatos relacionados con este sector, ya que en 2020, se registraron nueve agresiones, ha habido un aumento sostenido de los ataques letales vinculados a la tala y la deforestación en los últimos años, agrega.

El documento apunta que los 30 ataques mortales ocurridos en México son un aumento de 67 por ciento respecto de 2019, cuando ocurrieron 18. En 2018 fueron 14 y en 2017, 15, precisa. La tala estuvo vinculada a casi un tercio de estos ataques, y la mitad de ellos se dieron en comunidades indígenas. La impunidad por los crímenes en contra de los defensores continúa siendo alarmantemente alta. México se sitúa en el puesto 60 de 69 países evaluados en investigaciones recientes sobre el acceso a la justicia.

Precisa que en América Latina y el Caribe ocurrieron 165 ataques. De los países en que más sucesos de este tipo se presentaron, después de Colombia y México, se encuentran Filipinas (29), Brasil (20), Honduras (17), República del Congo (15), Guatemala (13) y Nicaragua (12). Este último país fue el lugar más mortífero para las personas defensoras considerando los asesinatos per cápita.

El reporte indica que en promedio cuatro defensores fueron asesinados cada semana alrededor del mundo, desde que se firmó el acuerdo climático de París en 2015. Sin embargo, esta impactante cifra es, casi con certeza, una subestimación, ya que es probable que muchos casos no sean denunciados ante las crecientes restricciones al periodismo y otras libertades cívicas.

Ataques a indígenas

Apunta que el año pasado continuó el desproporcionado número de ataques contra pueblos indígenas, siendo el blanco de más de un tercio de ellos y esto ocurrió en toda América Latina. Refiere que las cifras muestran el costo humano de la destrucción provocada por las industrias y corporaciones extractivas.

Puntualiza que de acuerdo con los reportes, al menos 30 por ciento de los ataques registrados estuvieron directamente relacionados con la explotación de recursos, incluyendo la explotación forestal, la minería y la agroindustria a gran escala, las represas hidroeléctricas y otro tipo de infraestructura.

Explica que la explotación forestal fue la industria vinculada a la mayor cantidad de asesinatos con 23 casos, en ataques reportados en México, Brasil, Nicaragua y Perú. Entre los casos reportados está el de Óscar Eyraud Adams, indígena kumiai y defensor del agua, asesinado en México luego de oponerse a las industrias que contribuyen a la escasez hídrica en Baja California. En el país, entre los defensores asesinados están Adán Vez Lira, Daniel Sotelo, Homero Gómez, Ismael Cruz, Jesús Miguel Jerónimo, Isaac Medrano, Juan Aquino González, Miguel Vázquez, Miguel Migueleño, Pablo Guzmán, Juan Zamarripa, María Agustín, Rodolfo Díaz, Maurilio Hernández, Reynaldo Bautista, Paulina Gómez y Tomás Martínez.

domingo, 12 de septiembre de 2021

 El ‘arma secreta’ de los priistas para volver

Si bien ha perdido fuerza política con el tiempo, el PRI podría convertirse en un factor decisivo para el futuro político del país.

 

Enrique Quintana


septiembre 12, 2021

https://www.elfinanciero.com.mx/opinion/enrique-quintana/2021/09/12/el-arma-secreta-de-los-priistas-para-volver/

El PRI, el partido que hace tres años tenía la presidencia de la República y la mayoría de los gobiernos estatales, está hoy convertido en ‘un partidito’ al que, después de los cambios de los gobiernos estatales, le quedarán solo cuatro gobernadores en todo el país.

Pues, este partidito podría convertirse en un factor decisivo para el futuro político del país.

Le explico.

Una de las dudas que se han expresado respecto a la permanencia del llamado bloque opositor en la Cámara de Diputados es la actitud que asumirá el PRI frente a diversas iniciativas de Morena.

El nombramiento de Rubén Moreira, un político cercano a los morenistas, como coordinador de los legisladores priistas fue para algunos un indicio de qué podría reaparecer el llamado PRIMOR, es decir la alianza entre Morena y el partido tricolor. El pasado 9 de septiembre fue votada en la Cámara de Diputados la nueva Ley Orgánica de la Armada de México, la cual obtuvo los votos favorables de Morena y sus aliados pero también de un buen número de legisladores del PRI, con lo que logró sumar 338 votos, que por cierto, hubiera bastado para una reforma constitucional.

Puede pensarse que no se trataba de una iniciativa que vaya a cambiar las perspectivas del país por lo que no implica que se deshaga el bloque opositor.

Pero, de nueva cuenta volvieron a sonar las alarmas respecto a la solidez de ese bloque.

Otro indicio se presentó el día de ayer cuando el gobernador de Sinaloa, el priista Quirino Ordaz, fue propuesto por AMLO como futuro embajador en España.

En las elecciones del próximo año no se ve ninguna posibilidad de qué el PRI pueda obtener algún triunfo.

De las seis que se van a realizar, el PRI gobierna en dos, Hidalgo y Oaxaca, y lo más probable es que las pierda frente a Morena.

En las otras cuatro gobierna el PAN o coaliciones que fueron encabezados por este partido, se trata de Aguascalientes, Durango, Quintana Roo, y Tamaulipas. Aunque se ve complicado el panorama para los panistas, es probable que haya más competencia en esas entidades.

Si el PRI pierde sus dos estados el próximo año, quedaría solo gobernando en 2023 solo dos entidades en la República, el Estado de México y Cuahuila.

Precisamente esos dos estados habrán de renovar gobernador en el 2023.

A pesar de la presencia relevante en la Cámara de Diputados, el PRI se estaría convirtiendo en un partido muy pequeño en cuanto a las gobernaturas que tiene.

El debilitamiento del tricolor, paradójicamente, puede darle fuerza.

Como le he comentado insistentemente en este espacio, la única posibilidad de qué haya una competencia política efectiva en 2024, depende de que haya una alianza opositora.

Si el PRI se convierte en otro de los partidos aliados del gobierno, crecen las posibilidades de que Morena retenga la presidencia así como las mayorías en el Congreso y el control de la mayoría de los estados.

En la perspectiva política de los próximos años, el PRI se estaría convirtiendo en un auténtico “partido bisagra” es decir, aquel que tiene la capacidad para inclinar la balanza hacia uno u otro lado, de acuerdo con las alianzas que realice.

Tampoco es descartable que pueda darse una división del tricolor. Hay algunos dirigentes y legisladores que pueden encontrar en las posiciones de morena puntos de vista que no son muy distantes de los que alguna vez sostuvieron los priistas.

Per también hay otros que ven a Morena claramente como adversario. Por eso el riesgo de división.

Un indicio importante podría venir en las próximas semanas pues se espera que en este periodo ordinario de sesiones del Congreso llegue la propuesta de la reforma constitucional en materia eléctrica que tratará de asegurar la preminencia de la Comisión Federal de Electricidad en el curso de los siguientes años o incluso décadas.

Esta propuesta podría ser una prueba para observar el comportamiento político de los priistas pues implicaría la primera gran reversa de la reforma energética de Enrique Peña a nivel constitucional.

En otros aspectos de la reforma energética se han tomado decisiones administrativas o incluso algunos cambios legales que buscan hacerla retroceder pero hasta ahora no ha existido ninguna modificación constitucional.

Habrá que ver si el PRI defiende la reforma que fue planteada por un gobierno priista o bien apoya a Morena en su intento de regresar al esquema que también fue establecido por gobiernos priistas del pasado.

De lo que se pueda derivar respecto al comportamiento político del PRI las consecuencias para el futuro político del país podrían ser 

sábado, 11 de septiembre de 2021

 LOS ALIADOS DE LÓPEZ OBRADOR

Cada vez sorprende menos el tipo de aliados con los que el presidente López Obrador quiere afianzar su personal proyecto político, que en nada tiene que ver con la izquierda y menos aún con el socialismo o el comunismo. Con este artículo iniciaremos un análisis de los principales aliados del actual gobierno, empezando con las fuerzas armadas.

Desde el inicio de su sexenio el fortalecimiento de las fuerzas armadas no ha tenido precedente en la historia moderna del país. No sólo su presupuesto se ha elevado en menos de tres años en un 197%, sino que sus funciones han excedido por mucho las establecidas originalmente en la ley, o sea las de defensa de la soberanía, independencia e integridad territorial del país.

Ahora construye aeropuertos civiles, como el Felipe Angeles; vías de ferrocarril (tramos del Tren Maya); se han convertido en “empresarios” pues se encargarán de la operación del “corredor turístico AIFA (Aeropuerto Internacional Felipe Angeles)-Tren Maya-Palenque-Chetumal-Tulum”[1]; construyen sucursales bancarias para el Banco del Bienestar; operan hospitales anti Covid; la Marina está encargada de puertos y aduanas marítimas (antes a cargo de Comunicaciones y Transportes); a través de la Guardia Nacional son las principales encargadas de la seguridad pública en el país; además ya prácticamente desplazaron a Protección Civil de la muy disminuida Secretaría de Gobernación, como las principales encargadas de atención en los desastres naturales; y ahora hasta se dedican a hacer los censos de personas afectadas por los mismos, lo que se supone es función de la Secretaría de Bienestar.

Pero López Obrador dice que nada de esto implica que se esté “militarizando” al país, que las fuerzas armadas son “pueblo uniformado”, que están al servicio de la población.

Tal parece que López Obrador pretende transformar a las fuerzas armadas en la avanzada de su proyecto, dirigido a favorecer a los pobres, en primer lugar (y por lo que se ve, a demonizar ad nauseam a la clase media mexicana, sin distingo alguno).

Pretende transformar a las fuerzas armadas en “aliadas” del pueblo, no en sus opresores, como fueron usadas por los gobiernos neoliberales (1982-2018) y por el “nacionalismo revolucionario” (1929-1982).

El problema con esta romántica visión es que una vez que las fuerzas armadas han acumulado tal poder económico y político, pueden muy bien girar su accionar hacia donde mejor convenga a intereses específicos dentro del instituto armado, y no necesariamente hacia donde quiera el poder civil.

Basta ver como en otros países (Tailandia, Turquía, Egipto, sólo por mencionar algunos), ese poder acumulado de las fuerzas armadas ha acabado por darles capacidad de “voto” y de “veto” en las políticas públicas que los gobiernos civiles de dichos países quieren implementar; y, por lo tanto, la democracia tradicional se pervierte y queda como rehén de las apetencias, intereses y o veleidades de sus institutos armados. Nada de esto ve López Obrador y él sigue creyendo que con su “autoridad moral” es suficiente para controlar las posibles ambiciones de los altos mandos de las fuerzas armadas. Confía ciegamente en su institucionalidad.

Al respecto, cabe incluir aquí las consideraciones de un estudioso del tema:[2]”…el argumento sobre la ‘barrera moral’ supone un público bien informado, con orientaciones y actitudes de apoyo político definidas y consistentes, así como dispuesto y capaz de expresar abiertamente sus puntos de vista favorables al gobierno y contrarios a la intervención…los miembros del gran público tienden a permanecer mal informados y a poseer actitudes políticas inestables y poco coherentes”. Esto es, la “autoridad moral” del presidente en turno, como muro de contención de ambiciones excesivas de los militares, sólo se puede “operacionalizar” si el “pueblo” actúa de manera organizada; es decir, si los dirigentes civiles cuentan con “reservas organizadas de poder”; de lo contrario el poder de los militares o de otros poderes fácticos se impondrá y serán sus intereses y políticas públicas las que prevalecerán.

De ahí que, se podría dar en el país una especie de “vacío de poder…allí donde las organizaciones políticas, y especialmente los partidos, carecen ostensiblemente de habilidad para solucionar los problemas del país, las fuerzas armadas tienden a erigirse en sustitutas o reemplazos suyos”.[3]

Así, esa “institucionalidad” de las fuerzas armadas se ha visto transformada con un crecimiento de su poder político y económico sin precedentes en el último siglo, y ello les dará un sentido de seguridad y de autoridad que muy difícilmente sucesivos presidentes podrán o incluso querrán disputar; con lo que, en los hechos la democracia mexicana quedará condicionada a un poder fáctico que concentra, nada menos que el poder coercitivo del Estado Mexicano. Craso error, que lo pagaremos todos los mexicanos, y no quien lo ha originado, Andrés Manuel López Obrador.



[2] Herbert Koeneke; Pretorianismo, Legitimidad y Opinión Pública; Nueva Sociedad (No.81); Caracas, Venezuela; Enero-Febrero 1986; pp. 74-75

 

viernes, 10 de septiembre de 2021

 EL ONCE DE SEPTIEMBRE

A 20 años de los ataques terroristas en Estados Unidos que desataron la “Guerra Global contra el Terror” (Global War on Terror, GWOT), los saldos para la humanidad han sido desastrosos, pero para quienes idearon e instrumentaron esta política han sido, en general, redituables económica y políticamente.

Desde ese martes 11 de septiembre del 2001 cuando en vivo y a todo color el mundo vio como aviones de pasajeros se estrellaban contra las Torres Gemelas de Nueva York, y después se derrumbaban en segundos, en una demolición controlada; cómo era atacado el Pentágono[1] y, otro avión, supuestamente dirigido a la Casa Blanca, terminaba estrellándose en una zona rural de Pennsylvania[2], han surgido cualquier cantidad de versiones y teorías sobre quiénes fueron los autores intelectuales y materiales de los ataques; y de cómo y porqué lo hicieron.

Pero la teoría de la conspiración más bizarra, absurda y estúpida de todas es la que han mantenido como versión oficial el gobierno de Estados Unidos, sus medios de comunicación vasallos y los gobiernos de los países aliados y subordinados de la superpotencia.

Y es que creer que un grupúsculo de radicales islámicos -por cierto, originalmente financiados y apoyados por Estados Unidos para combatir al ejército de la Unión Soviética que ocupó Afganistán entre 1979 y 1989- conocido como Al Qaeda, tuvo los medios materiales, financieros, logísticos y de inteligencia para realizar un ataque de esa magnitud, burlando a las 17 agencias de seguridad de Estados Unidos; todo controlado desde una cueva en Tora Bora, Afganistán, y realizado por 19 “árabes” que subieron a los aviones de pasajeros, los secuestraron con unos cuantos “cutters”, los pilotearon como expertos (después de recibir algunas clases de vuelo, en avionetas en la Florida) y los estrellaron a cientos de kilómetros por hora, bajando casi en picada contra las Torres Gemelas en Nueva York y el Pentágono en Washington, es tener una imaginación que raya en la locura.

Realmente hay que ser verdaderamente estúpido para creer eso, y aún más, aceptar que el edificio World Trade Center 7 se derrumbó horas después, sólo por que cayeron algunos escombros que incendiaron muebles del edificio y ello llevó a que se desintegrara en caída libre en menos de 7 segundos. Bueno, que todo un país, y una buena parte de la población de “Occidente” (cualquier cosa que eso signifique) acepte esa versión, implica que las élites políticas y económicas que idearon esto, tienen un control orwelliano sobre las desinformadas y borreguiles masas de sus países.

Cui bono.

Por ello, en todo crimen, hay que analizar, antes que nada, quién o quiénes se beneficiaron de él; y eso da la clave de quiénes estuvieron detrás de los ataques.

¿Para qué querría Osama bin Laden, llevar a cabo un ataque de esta magnitud (bueno, ni siquiera tendría los medios para realizarlo)[3], que sólo desataría, como sucedió, una respuesta brutal de la principal potencia militar del mundo y de sus aliados y vasallos, lo que seguramente llevaría a la destrucción de su organización? Según la interpretación de los “expertos”, con los ataques y la reacción de Estados Unidos, se generaría más odio hacia este país y así se incrementaría la membresía y el apoyo a Al Qaeda[4]. Visto lo que ha sucedido durante 20 años, Al Qaeda no se fortaleció[5], eliminaron a bin Laden, y surgieron otros grupos terroristas[6], ayudados y protegidos en sus inicios por Occidente[7], como el Estado Islámico[8], que sirvió para justificar la intervención militar en Siria y en Irak, con el verdadero y único objetivo de acabar con el gobierno de Bashar el Assad en Damasco, lo que hasta ahora no han conseguido.

¿Para qué querría apoyar el gobierno de Arabia Saudita, o para el efecto alguna facción dentro del mismo, un ataque así a quien ha sido su principal aliado militar y económico, y especialmente durante la presidencia de George W. Bush, cuya familia ha sido aliada y socia de la familia real saudita? No tiene ningún sentido.

En cambio, si vemos lo que significa para dos grupos de actores el que se lleve a cabo una permanente intervención militar de Estados Unidos en Medio Oriente, se podrá comprender mejor de dónde vino la idea, la planeación y la ejecución de este crimen de lesa humanidad[9].

Según la Universidad Brown[10], la Guerra Global contra el Terrorismo ha costado 8 trillones de dólares (8 millones de millones de dólares), ocasionando más de un millón de muertos y 38 millones de refugiados, durante los últimos 20 años.

Los que han recibido la mayor parte de esa descomunal cantidad de dinero han sido las empresas dedicadas a la fabricación de armas[11], los contratistas y empresas de seguridad privada que trabajan para las fuerzas armadas de Estados Unidos y sus aliados; las empresas consultoras; los “think tanks” que asesoran a las empresas armamentistas y al gobierno estadounidense; y por supuesto, las burocracias de las fuerzas armadas y las agencias de seguridad e inteligencia del gobierno estadounidense que han acumulado presupuestos estratosféricos durante estas dos décadas; además de los intereses generosísimos que los bancos de Wall Street han cobrado (1.1 trillones de dólares) por los préstamos que han hecho al gobierno por esta “noble causa” y el aumento del valor de las acciones de las empresas que forman parte del complejo militar-industrial- y de seguridad (del orden de 870% de ganancia en 20 años)[12].

Así también, las agencias de seguridad e inteligencia ampliaron ad nauseam sus atribuciones, creando verdaderos “estados policía”, big brothers, para controlar a las masas[13] y seguir inflando sus presupuestos con el pretexto de la “amenaza terrorista”. Además de las sistemáticas violaciones a los derechos humanos que toda esta política generó en distintas regiones del mundo, a través de prácticas de tortura en centros de detención como Guantánamo, Bagram, Abu Ghraib, etc.

Los otros beneficiarios de esta guerra permanente han sido el gobierno de Israel, el lobby pro-Israel de Estados Unidos y los neoconservadores (que en su mayoría son israelí-estadounidenses), que han promovido y presionado para que “Occidente” le haga el trabajo sucio a Israel, destruyendo a los países que considera sus enemigos.

En gran parte lograron su objetivo, pues la GWOT llevó al derrocamiento y ejecución de Saddam Hussein en Irak[14]; al derrocamiento y asesinato de Muamar Gaddafi en Libia; y a la casi destrucción de Siria, lo que finalmente fue evitado por la intervención de Rusia e Irán en favor del régimen de Bashar el Assad.

Y con la presidencia de Trump (y ahora con la de Biden), han asegurado el mantenimiento de su Estado apartheid en Israel, la completa subyugación de los palestinos y el expansionismo sin pausa de los asentamientos ilegales en tierra palestina[15]; así como el convencimiento de varias petro-monarquías árabes de abandonar a los palestinos y, en su lugar, establecer relaciones diplomáticas formales, y en los hechos, alianzas con el etno-nacionalista Estado de Israel.

Así que los grandes ganadores de lo que resultó de los ataques del once de septiembre de 2001 fueron el complejo militar-industrial-y de seguridad de Estados Unidos, que ahora tiene un presupuesto para las fuerzas armadas de casi 800 mil millones de dólares anuales; y el gobierno de Israel, junto con sus subordinados del lobby pro-Israel y los neoconservadores en Estados Unidos, que han logrado aplastar, destruir y/o generar caos en el vecindario del Estado de Israel, con lo que éste se ha fortalecido militar, política y económicamente sobre el resto de países de la región.

Por ello, queda más que claro quiénes tenían los medios materiales, financieros, logísticos y el poder político para realizar un ataque de la magnitud y significación del sucedido hace 20 años y quiénes, por lo tanto, se beneficiaron enormemente de dichos trágicos sucesos.



[1] Meyssan, Thierry; (2002) La Terrible Impostura: 11 de septiembre de 2001; 1ª. Ed.; Buenos Aires; Editorial El Ateneo.

[2] El cual fue literalmente “tragado” por la tierra, sin dejar prácticamente rastro alguno de su existencia. Increíble.

[4] https://original.antiwar.com/Joshua_Mawhorter/2021/09/09/the-no-second-9-11-argument/

Según estos estudios, la principal razón del aumento del terrorismo suicida ha sido en los últimos 20 años, las guerras y la ocupación de Siria, Afganistán, Irak, Libia y Yemen, realizadas por Estados Unidos y sus aliados.

[5] “Y lo que es peor, es la historia de cómo, después de los ataques, Estados Unidos no consiguió eliminar el movimiento de Al Qaeda, que se transformó en una amenaza dispersa y escurridiza, de cómo en cambio, iniciamos el contraproducente fiasco de Irak; de cómo el gobierno de Bush politizó el antiterrorismo para asegurarse victorias electorales; de cómo persisten las vulnerabilidades en materia de seguridad nacional.”; Richard A. Clark; “Contra todos los enemigos”; Editorial Taurus (2004): p. 11

[9] Constituyen crímenes de lesa humanidad los actos cometidos como parte de un ataque generalizado o sistemático contra una población civil y que respondan a una política de Estado o de sus agentes; de grupos armados organizados o de grupos organizados que detenten un poder de hecho que favorezca la impunidad de sus actos ...

[12] Ibidem.

[14] “Luego me di cuenta (lo que me produjo un profundo dolor, casi físico) de que Rumsfeld y Wolfowitz iban a tratar de aprovechar esta tragedia nacional para sacar adelante sus planes sobre Irak. Desde el inicio de la legislatura, e incluso bastante antes, habían estado presionando para que se declarara la guerra a Irak…la mañana del día 12 el objetivo del Departamento de Defensa era comenzar a distanciarse de Al Qaeda…La tarde del miércoles, el secretario Rumsfeld ya hablaba de ampliar los objetivos de nuestra respuesta e ‘ir por Irak’…Más tarde aquel mismo día, el secretario Rumsfeld se quejó de que no había objetivos en Afganistán que mereciera la pena bombardear y que deberíamos plantearnos bombardear Irak.” Richard A. Clark. Ibidem. Pp. 31-32

jueves, 9 de septiembre de 2021

 Nord Stream 2: The Value of German-Russian Cooperation

The two countries have transformed their relationship from deadly adversaries to energy partners

Weimin Chen

Sept. 7

https://medium.com/funboat-diplomacy/nord-stream-2-the-value-of-german-russian-cooperation-b87a164d7f25

After years of controversy surrounding Nord Stream 2 the project is nearing its light at the end of the tunnel. The natural gas pipeline will connect Germany directly to Russia by way of the Baltic Sea. In an instance of the U.S. not interfering in foreign affairs, President Joe Biden has decided against sanctions in favor of stabilizing transatlantic relations. This cooperation shows how far German-Russian relations have come and some of the challenges facing Europe in the future.

From World War to Energy Partnership

To say that Russia and Germany have had a history would be a mild way to describe the intensity that has characterized the fiery relationship between the nations over the years. This is especially pertinent to the 20th century as the two countries inflicted two world wars and traumatic occupations on one another with the backdrop of nuclear threats hovering in the background throughout the second half of the century.

In the decades after the Second World War, they developed ties whereby Germany increasingly purchased and consumed energy resources, specifically natural gas, supplied by Russia. Other European countries developed similar energy ties to Russia as well. Major East-West energy ties between Russia and Europe began in the 1960s with the rising demands for natural gas in a newly recovered Europe and a rising desire from the Soviet Union to export their supplies of energy. This created the conditions for a high level of mutual dependence and international economic cooperation through investments and contracts that proved resilient throughout the geopolitical ups and downs of the Cold War. All things considered, the Cold War ended in Europe without the bang of a major hot war feared by many analysts. In post-Cold War Russia, the gas industry of the former Soviet Union consolidated into the now state-owned corporation Gazprom, which owns the operations of Nord Stream 2.

Countries that depend on one another with mutual interests tend to favor peace over kinetic war. The threat of hostilities could cut off Germany’s lights and heating and a significant chunk out of Russia’s revenue. On paper at least, this disincentivizes conflict between them. Any sane observer would call this type of cooperation between Russia and Germany, at the very least, a stable situation that should be nurtured considering the historic track record between the two nations. Leave it to the U.S. to speak up against this otherwise amicable arrangement between two sovereign countries on the opposite hemisphere.

Opposing Interests

In recent years, the U.S. has expressed displeasure with the Nord Stream 2 pipeline. Along with voices from Poland and Ukraine, opponents against the establishment of the natural gas link between Germany and Russia points to the danger posed to European energy security and independence. From a business perspective, there is a competitive edge to the U.S. opposition to Nord Stream 2. American natural gas producing companies also have their eye on the German energy market and the U.S. government took aim at Nord Stream 2 with this mind, specifically offering the delivery of liquefied natural gas (LNG). Still, the Russian option is more cost-effective and Germany is projected to further cut costs in transit through Eastern Europe.

Many Eastern European countries pointed out the project’s lack of compliance with EU regulations. However, Germany has had energy ties with Russia for decades and this project aims to modernize and increase the efficiency of transporting the resource with updated infrastructure with direct physical contact between the two countries. Nord Stream 2 bypasses the Eastern European countries that have served as transit points for Russian gas to Germany and other Central and Western European countries. Thus, they have legitimate interests in maintaining energy transit authority positions.

In particular, Ukraine sees a diminishing economic position from Nord Stream 2 cutting into its revenue as a transit country for Russian gas to Central Europe and also its political position as it sees the completion of Nord Stream 2 as a betrayal by the West, going as deep as its ambitions for NATO membership. From this perspective, the pipeline drama appears to reveal the U.S. and Europe’s waning willingness to cater to the complicated political position of Ukraine vis-à-vis Russia.

Context of German Energy Politics

Neither the U.S. nor Eastern Europe’s political objectives can obfuscate the value of German-Russian cooperation. Isn’t a state of mutual interests between these countries more favorable to the bitter conflicts that they experienced in the past? That’s not to downplay the risks of Germany continuing to depend on Russia for roughly 35% of its natural gas imports. There is a non-zero possibility of Russia using this dependence as political leverage at some point, but Germany’s energy consumption, both imported and domestically produced, is diversified across a number of renewable and traditional sources.

And if Russia really turns off the gas, then the U.S. could just send the American-produced natural gas that it was advocating for in the first place. After all, it wouldn’t be the first time that the U.S. delivered supplies to a German population facing shortages imposed by Russian-led policy. Hopefully, increased interdependence and overlapping interests will help to shape a future of stability in Europe and continue the precious absence of another major war on the continent.