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Volcán Popocatépetl

jueves, 16 de abril de 2015

MÉXICO EN LAS ELECCIONES…DEL 2016

Por supuesto que estamos hablando de las elecciones presidenciales y legislativas en Estados Unidos, a realizarse el primer martes de Noviembre de 2016.
¿Y por qué desde ahora mencionar esto, cuando el próximo 7 de junio se realizarán elecciones en México? Principalmente porque México va a ser y ya es un tema que van a utilizar los principales representantes de la derecha radical estadounidense para ganar votos.
Por lo pronto, un sitio de internet de nombre Judicial Watch, ya está afirmando (sin ninguna prueba) que existe en México una “célula” del Estado Islámico.
Para una buena parte del Partido Republicano, uno de los temas preferidos para ganar votos entre los “wasp”, es infundir el temor sobre la invasión de “ilegal aliens” en su territorio, principalmente provenientes de México y Centroamérica.
Por ello, la electorera medida de Obama de proponer una suspensión de las deportaciones por tres años, que beneficiaría a alrededor de 5 millones de indocumentados, se ha convertido en uno de los temas más criticados por la derecha estadounidense, y que sin duda formará parte de la plataforma de los republicanos en las próximas elecciones.
Pero si ya el tema migratorio genera fuerte oposición entre buena parte del electorado republicano, ¿qué caso tiene sumarle ahora el asunto del radicalismo islámico? Hay varios aspectos a considerar aquí.
Por un lado, el complejo militar-industrial y de seguridad estadounidense ha recuperado su vigor perdido después del fin de la Guerra Fría; con la “Guerra contra el terrorismo” y la estrategia para detener el crecimiento de competidores estratégicos como China y Rusia (además del reiterado intento por destruir a Irán), se encuentra ahora en “modo de combate”, esto es, preparando ya el terreno para enfrentar al menos dos conflictos mayores al mismo tiempo, por lo que requiere de todo el potencial financiero, material y humano posible para dicha contingencia.
En este sentido, como ya comentamos en un artículo anterior en este blog (“Admiro el trabajo de Enrique” Dijo Obama a Peña Nieto, 11 de Abril), la dirigencia político-militar de Washington requiere absoluta sumisión y obediencia de los países que se encuentran en su entorno más inmediato, esto es Canadá, México, Centroamérica y el Caribe, para llevar a cabo su estrategia de confrontación con China, Rusia e Irán, por lo que es indispensable para ellos tener irrestricto acceso a los recursos que requieran de estos países, así como poder utilizar partes de esos territorios como bases militares.
 Con Canadá no hay problema, pues está plenamente integrada al esquema militar y de seguridad de Estados Unidos (OTAN, NORAD), y en Centroamérica y el Caribe hay ya numerosas bases militares y navales (por ej. Palmerola en Honduras; en San Salvador, en Panamá, en Puerto Rico, y por supuesto Guantánamo en Cuba, entre otras).
¿Dónde no tienen estas bases? Falta México. Si bien ya existen centros de “fusión de información” en donde los estadounidenses recaban todo tipo de datos del gobierno mexicano, de empresas, partidos políticos, ciudadanos, etc. Y el obsecuente Peña, junto con sus empleados del Poder Legislativo, ya aprobaron el que agentes de diversas agencias de seguridad de Estados Unidos puedan operar armados en todo el territorio nacional, aún falta la “joya de la corona” y esa es que el neocolonial gobierno mexicano permita el establecimiento de una o más bases militares, aéreas y navales de Estados Unidos en territorio nacional.
Pero para que eso suceda deben plantear una “justificación” que le otorgue cobertura a dicha decisión, y qué mejor que afirmar que los malvados del Estado Islámico “ya están en México”, para así crear la paranoia que han promovido en todo el mundo occidental, con objeto de que los países aliados o subordinados a Estados Unidos actúen como “estados cuarteles” o “estados policía”, bajo las órdenes de Washington.
Así, el espantajo del radicalismo islámico en México (que no existe), les va a ayudar en dos aspectos: por un lado, con ello van a justificar más el cierre de la frontera a la emigración de mexicanos y centroamericanos; y por otro lado, esa supuesta presencia, va a ayudar en su argumentación para el establecimiento de bases militares en nuestro país.



domingo, 12 de abril de 2015




Bajo la Lupa
La fétida ley Korenfeld: la corrupta privatización del agua en México
Alfredo Jalife-Rahme
LA JORNADA, 12 DE ABRIL DE 2015, P.31

Más allá de la renuncia forzada por presunto peculado del polémico titular de la Comisión Nacional del Agua (Conagua) David Korenfeld Federman –de quien aún no se exhuma la presunta corrupción como alcalde de Huixquilucan y su (dis) función de secretario de Agua y Obra Pública del estado de México, al mismo tiempo que fungía en forma desaseada como presidente del conglomerado privado Asociación Nacional de Empresas de Agua y Saneamiento (ANEAS), que en su totalidad destilan insoportable olor a azufre–, la prensa de Israel, que suele ser feroz en asuntos de corrupción –que ha llevado a ser enjuiciados a un ex presidente y a dos ex primeros ministros (http://goo.gl/wJPKiF )–, denunció su tráfico de influencias y comisiones bajo la mesa con Natan Eshel, ex jefe de gabinete del primer ministro Netanyahu, quien es íntimo de Sara (la esposa de Bibi) y fue defenestrado por voyeurismo (http://goo.gl/wUgt0g ).
El portal israelí Globes, especializado en noticias de negocios de Israel, titula que el ayudante (sic) de Netanyahu se volvió rico (¡supersic!) con el arreglo de Mekorot-Mexico (nota: con Conagua; http://goo.gl/QAWZ5N).
Mekorot es la controvertida empresa estatal (¡supersic!) de agua de Israel, que fue expulsada de Argentina por su apartheid (discriminación racista) contra 4.5 millones de palestinos miserables y sedientos a quienes hurta su agua (Gaza: 1.8 millones, y Cisjordania: 2.7 millones).
Llama la atención que el agua de México manejada por Conagua –donde han abundado escándalos por su celestial transporte material y espiritual– sea motivo del proyecto de privatización para beneficiar a Mekorot, empresa estatal (sic) de Israel.
Según Globes, Natan Eshel puede amontonar (¡supersic!) millones de shekels (nota: divisa israelí) en un arreglo masivo que medió (sic) con Conagua para la estatal Mekorot con el fin de purificar las fuentes contaminadas de agua por una cantidad multimillonaria.
Natan Eshel, ex jefe de gabinete del premier israelí Netanyahu, intercedió entre Mekorot y Conagua, encabezada por su director general David Korenfeld Federman. Las comisiones usuales (sic) en este tipo (sic) de arreglos son de entre 5 y 8 por ciento del total (¡supersic!). ¿Quién se llevó qué bajo la mesa?
Globes enuncia que Mekorot arrancó un acuerdo considerado histórico (¡supersic!), durante la visita del presidente Shimon Peres a México en noviembre de 2013: su director, otro Shimon, Ben-Hamo, y Korenfeld Federman firmaron el acuerdo. ¡La inexistente seguridad nacional de México en manos de Israel, que no permite lo mismo en su propio suelo!
¿Alguien en el Poder Ejecutivo o en el emasculado Poder Legislativo de México indagará, y castigará en su caso, el multimillonario monto ilegal de comisiones bajo la mesa por mediación? En México tal mediación entre Korenfeld y el gobierno de Israel se conoce como vulgar coyotaje.
¿El coyotaje de Korenfeld con el ex jefe de gabinete de Netanyahu sustituye las diáfanas licitaciones públicas?
¿Quién escudriñará las cuentas de David Korenfeld Federman en la banca de Israel, si es que las tuviere, y que, por cierto, no es muy higiénica en sus tratativas globales (http://goo.gl/isHdMp )?
¿Se atreverá Alberto Bazbaz Sacal –previamente enlodado por el affaire Paulette e inmiscuido en crapulosas comisiones en la cadavérica Ficrea–, hoy jefe de la Unidad de Inteligencia (sic) Financiera de la controvertida Secretaría de Hacienda (enfrascada en varios escándalos: desde una casa lujosa en Malinalco hasta el nepotismo en Condusef), a exhumar los movimientos bancarios en Israel entre el ex jefe de gabinete de Netanyahu y el repudiado Korenfeld, su amigo de la infancia, según notas periodísticas?
La ingeniera ambiental especialista en geohidráulica Alessia Kachadourian (@alessiusk ) considera en un tuit que el mayor acto de corrupción de Korenfeld y México es la iniciativa de Ley General de Aguas (LGA).
¿Puede privatizar el agua de México una entidad tan mefítica como Conagua, de cuya putrefacción no se salva el PAN en las etapas aciagas de Fox y Calderón?
Otro tuit, del Senado (¡supersic!), afirma que la LGA beneficiará sólo a las trasnacionales (http://goo.gl/W9XpRv ). So what?
La pestilente ley Korenfeld, alumbrada por la corrupción que ha levantado el clamor de repudio ciudadano, ha sido denunciada por diversas ONG porque busca repetir en el país el modelo Edomex que privatiza el agua (http://goo.gl/e2Eerl ).
En una reciente conferencia que impartí en la Casa de la Cultura Las Vírgenes, de Ciudad Nezahualcóyotl, que será víctima segura de la disruptiva cuan corrupta ley Korenfeld (http://goo.gl/8syyWW ), expuse algunos puntos nodales que dispararán su precio, entre otras hazañas y sañas contra la población.
La LGA –la pestilente ley Korenfeld, por ser su padre putativo– comporta aspectos medievales muy primitivos y anticientíficos, con una aplicación fascista de “ apartheid neoliberal” muy preocupante para la salud democrática. ¡Equivalente metafórico a una ley hidráulica de pernada mezclada de señoreaje trasnacional neoliberal por el uso del agua de los ciudadanos autóctonos!
¿Cómo puede el disfuncional Congreso siquiera admitir a estudio una ley tan medieval, racista (dupla Mekorot/Korenfeld), clasista (antindígena), fascista y anticientífica?
Los discriminados 4.5 millones de palestinos en Israel por el apartheid de Mekorot serían ahora el equivalente a la mayoría de miserables mexicanos relegados por los precios inalcanzables para el promedio del ingreso nacional, no se diga quienes viven en asentamientos irregulares. Esta situación conmocionó a mi audiencia en Ciudad Nezahualcóyotl, que con Chalco e Ixtapaluca, grandes asentamientos hoy urbanizados del estado de México, exhiben sus improntas irregulares.
En forma kafkiana, la fétida ley Korenfeld llega hasta criminalizar la investigación académica, como demuestra –entre otros puntos que erizan los cabellos en una sociedad libre, transparente y democrática– la Unión de Científicos Comprometidos con la Sociedad: El artículo 267 (fracción XXVI) faculta a Conagua a sancionar hasta con 50 mil días de salario mínimo a todo aquel que realice estudios, monitoreo y remediación de las aguas como bienes nacionales sin contar con un permiso expedido por ellos. Esto implica que ningún universitario o persona podrá generar conocimiento alternativo (sic) al oficial (sic) sin su consentimiento (http://goo.gl/Rgdq4v ). ¡Superuf!
En forma demencial, la ley Korenfeld reduce al mínimo el derecho humano a 50 litros por persona al día y pretende cobrar hasta el agua captada por las lluvias (¡extrasupersic!), lo cual llevó a una revuelta ciudadana en Bolivia. ¡Cuidado!
Mediante la fétida ley Korenfeld, los privatizadores medievales a ultranza del México neoliberal itamita juegan con fuego: colocan en ley seca a la mayoría de los hambrientos y próximamente sedientos mexicanos con el fin exclusivo de beneficiar a la plutocracia local –ANEAS de Edomex y anexos– y a las trasnacionales, lo cual incluye el prioritario suministro hidráulico sin contemplaciones para el tóxico, sísmico y cancerígeno fracking.

sábado, 11 de abril de 2015

“Admiro el trabajo de Enrique”
Dijo Obama a Peña Nieto

Eso le dijo Obama a Peña Nieto en el Foro Empresarial de la VII Cumbre de las Américas que se realiza en Panamá, al señalar que hay que “romper” las regulaciones que detienen o inhiben la inversión, tal como lo hizo Peña Nieto en el sector energético de México. Por lo que llamó al resto de los países a hacer lo mismo, para establecer un marco regulatorio homogéneo que permita esa inversión en sectores que han estado reservados para el Estado.

Por supuesto que Obama está muy contento con Peña, pues éste ha resultado un alumno de primera, haciendo todo lo que le ordenan desde Washington: permitir que las grandes trasnacionales entren al sector energético mexicano sin trabas y puedan llevarse el petróleo, dejando un caos social y la destrucción ambiental correspondiente (fracking de por medio); ha cumplido al pie de la letra las instrucciones del aparato de seguridad estadounidense, no sólo permitiendo que se mantengan en territorio mexicano los varios centros de “fusión de información” (no se sabe realmente cuántos hay), en donde las agencias de seguridad de Estados Unidos recaban información de toda la sociedad mexicana, sin restricciones y sin la participación de ningún funcionario mexicano (es posible que los empleados de limpieza de baños y pasillos sí sean mexicanos); si no ahora también mediante la aprobación de la nueva Ley de Armas de Fuego y Explosivos en el Senado, propuesta por Peña (con el voto favorable de PRI, PAN y PVEM), en la que se permite a agentes de migración, aduanas y de otras agencias estadounidenses a realizar inspecciones en territorio mexicano a personas y vehículos que se dirijan a Estados Unidos, y además a portar sus armas de cargo, no sólo en los lugares donde hagan las revisiones, sino en sus “traslados” de una parte del país a otro (por supuesto los agentes mexicanos no tienen esas facultades en Estados Unidos, es decir no hay reciprocidad).

México es ya un nuevo Puerto Rico, que muy pronto, antes de lo que muchos imaginan, comenzará a “fusionar” su política exterior y de “defensa” plenamente con la de Estados Unidos y sus aliados (llámese por ejemplo Israel)[1], haciendo el mismo tipo de acusaciones contra países que no se alinean a la política intervencionista y contraria al Derecho Internacional Público que impulsa Washington, tales como Rusia, Venezuela, Bolivia, Ecuador, Brasil, etc.

El objetivo de Washington es claro: Establecer una sumisión total a sus directrices internacionales y militares en la zona que considera como “imperativo categórico” para su seguridad, esto es Canadá, México, el Caribe y Centroamérica.

Por ello el acercamiento a Cuba es fundamental, en la medida en que de esa forma Washington tiene más injerencia en las decisiones que La Habana haga en el futuro sobre posibles acercamientos o incluso alianzas con los competidores estratégicos de Estados Unidos, esto es China y Rusia.

Así también, de ahí proviene su necesidad de acelerar el “cambio de régimen” en Venezuela (que tácticamente durante la Cumbre de Panamá intentó minimizar, para así evitar el fracaso de la misma), pues como afirmó el propio Obama en la reunión de la CARICOM en Jamaica, antes de la reunión en Panamá, los temas de seguridad y energía se entrelazan, y para Washington el que Venezuela, con una de las reservas probadas de petróleo más grandes del mundo, no esté completamente subordinada a las políticas establecidas en Washington, constituye un boquete enrome en su esquema de seguridad energética y militar.

Por ello, no debe sorprender si en los próximos meses se inicia toda una operación de desestabilización y sabotaje (si no es que ya está en curso), contra el propuesto nuevo canal interoceánico en Nicaragua, supuestamente financiado y propuesto para su construcción por empresarios chinos, puesto que los estrategas estadounidenses no van a permitir que una línea de comunicación vital como esa no esté controlada por ellos, tal como lo está (indirectamente) el Canal de Panamá, incluidas las nuevas ampliaciones del mismo.

Lo que Obama puso como “zanahoria” para que los débiles y sumisos países de Centroamérica y México entren en el esquema de seguridad, sin reticencia alguna (además de las presiones habituales a cada gobernante, pues conocen sus debilidades en materia de corrupción, vida familiar, sexual, etc) fue su plan para detener las deportaciones de hasta 5 millones de indocumentados que viven en Estados Unidos, por al menos tres años. El cual sin embargo enfrenta la decidida oposición del Partido Republicano (con sus legisladores y gobernadores), que lo ha impugnado en los tribunales.

Así que, ni siquiera ese tímido intento de “beneficio”, a cambio de la  rendición total de la soberanía de estos patéticos países, es seguro.

Por supuesto que Estados Unidos “quiere” a México, a Centroamérica y al Caribe, pero los quiere para aprovechar sus riquezas naturales y su mano de obra casi regalada, pero no quiere a dicha población en su territorio. Este permanecerá cerrado a un libre flujo de personas por muchas décadas.




[1]  Este 20 de abril participarán funcionarios de los ministerios de Relaciones Exteriores de Estados Unidos, Canadá, México e Israel en un foro en el USC Center on Public Diplomacy en Washington, sobre sus experiencias en materia de “diplomacia pública” (influencia de las actitudes públicas y de la interacción y flujo de información de diferentes actores sociales , en las acciones y decisiones de política exterior). Al respecto el pro-sionista y likudista ex embajador de México en Estados Unidos, Arturo Sarukhán señala en el sitio de internet del USC Center que México y Estados Unidos deben “desarrollar e implementar juntos y de manera simultánea la diplomacia pública”; es decir llevar a cabo acciones para influir decisivamente en las sociedades civiles de ambos países para que acepten la integración de sus respectivas políticas exterior, económica y de defensa y seguridad. Una manera de decir que deben fusionar sus intereses, es decir los de México a los de Estados Unidos.

viernes, 10 de abril de 2015

Las inseguridades como forma de control
Víctor M. Quintana S.
La Jornada 10 de Abril del 2015, p.31

Después de todo, puede que para algunos no sea un fracaso el que en este país no se incremente de manera real el poder adquisitivo del salario. Que se generen mucho menos empleos de los que se necesitan. Que muchos de quienes disfrutan de un empleo formal estén en la cuerda floja del despido. Que en muchas familias tengan que tener dos o más chambas el padre y la madre para salir adelante.
Para esos mismos tampoco será un fracaso que en algunas poblaciones la gente no pueda salir de casa después de que oscurece, por temor a los delincuentes. O que se suspenda toda actividad comunitaria organizada acatando órdenes de quienes controlan la región. O que no se pueda hacer presente otra organización que la tolerada o aprobada por los señores de la guerra.
Todo esto es así porque la multiplicación de las inseguridades en este país repercute directamente en la participación, organización y acción autónomas de las y los ciudadanos. De muchas maneras afecta la capacidad y disponibilidad de las personas a enrolarse en una organización o movimiento, a cuestionar a los poderes establecidos, formales o informales, mucho menos a llevar a cabo acciones directas que desafíen dichos poderes, sean éstas tan legales como las elecciones o las huelgas tan fuera del marco de la ley como las tomas, los bloqueos, los paros, etcétera.
Entonces mantener el estatus de inseguridades multiplicadas favorece el control, la dominación sobre los diferentes grupos y sectores sociales. Esto no es teoría, es la experiencia recogida de diversas partes de la República: en muchos pueblos de diversas zonas rurales resulta casi imposible formar comités municipales de partidos de oposición. Hay una advertencia directa del crimen organizado, que controla amplias zonas del país, de que ahí sólo se admite la militancia y el activismo por las formaciones políticas que ellos manejan y hasta el grado en que ellos señalen.
Estos son casos en que la inseguridad pública disuade de toda participación cívico-política. Pero hay otros en que las represalias de los gobiernos cuestionados constituyen una amenaza para dicha participación. Por ejemplo, en las manifestaciones contra la corrupción denunciada del gobernador de Chihuahua hay muchas personas que, si bien convencidas de la justeza del movimiento, se abstienen de participar porque tienen sobre ellos la espada de una de dos inseguridades: si son empleados del gobierno, por temor a perder del empleo; si son proveedores del mismo, por temor a perder el contrato.
El agotamiento de las personas que trabajan largas jornadas, precisamente para hacer frente a la precariedad del ingreso, es un factor decisivo que reduce notablemente la participación en juntas de colonia, asociaciones de vecinos, asambleas de padres y madres de familia. Después de 10, 12 horas de trabajo y transporte, sólo los muy motivados y convencidos tienen energía para hacer algo por los demás.
La inseguridad en el empleo y en el ingreso también constituye una forma de controlar o desincentivar la organización de las y los trabajadores. El enorme déficit en la creación de puestos de trabajo hace que los que se generen sean tan precarios, tan frágiles en cuanto a su permanencia, que quienes tienen acceso a ellos se retiran de todo cuestionamiento a los patrones, de toda forma de protesta por las condiciones de trabajo y de toda forma de organización laboral.
Pero esto no sólo permea a los trabajadores manuales o a la burocracia de bajo nivel. Ha llegado hasta los académicos de las universidades. Se ha estrechado tanto el embudo para lograr una cátedra o un puesto de investigador; se han multiplicado y burocratizado tanto las formas de evaluación del desempeño; se ha precarizado tanto el ingreso seguro y se han multiplicado tanto las percepciones complementarias condicionadas, como los estímulos académicos, que el sindicalismo universitario –con muy honrosas excepciones– se muere por inanición. Y los académicos fincan en la meritocracia y en la acumulación de puntos sus estrategias individuales de reducir la inseguridad. Con esto se ha incrementado enormemente el control de la burocracia de la SEP y del aparato administrativo de las universidades sobre docentes e investigadores. Al punto que un colega universitario concluye: En esta universidad no hay sociedad civil.
Un país inseguro, sobretrabajado, agotado, atemorizado, amenazado, es más fácil de controlar, de dominar. Es un país fracturado, donde se rompen solidaridades. Donde las estrategias individuales de sobrevivencia desplazan a la acción colectiva. Es un país propicio a la dictadura. Esa es la máxima no dicha pero firmemente creída de la clase política, ella sí, no sujeta a inseguridades ni a precariedades.
El círculo inseguridades-no participación-autoritarismo es difícil de romper. Pero no imposible. Las luchas por los derechos son la clave para quebrarlo. Por eso cobra gran importancia el ejemplar movimiento surgido en San Quintín, desde lo más profundo de las precariedades y de las inseguridades: desde los indígenas, desde los trabajadores agrícolas migrantes. Ellos nos muestran que sólo arriesgándose a la máxima inseguridad se pueden reivindicar los derechos y comenzar a vencer el control y la dominación.


sábado, 4 de abril de 2015

¿”BIPOLARIDAD”, CONTENCIÓN Y/ O CAOS EN LA POLÍTICA EXTERIOR Y DE SEGURIDAD DE ESTADOS UNIDOS?
Por ROLANDO GARRIDO ROMO

Hoy parece más complicado que en épocas anteriores caracterizar a las políticas exterior y de seguridad/intervención (sería demasiado optimista llamarle “política de defensa”) de los Estados Unidos.
Quizás el mismo título de este artículo no contemple tampoco todas las posibilidades para intentar un acercamiento analítico a tema tan complejo.
Sin embargo, ante las graves consecuencias que al menos en los últimos 25 años han tenido las decisiones (o no decisiones) de la élite político-militar de la superpotencia en el resto del mundo, vale la pena hacer el intento.

La “Bipolaridad”
Cuando incluí el término “bipolaridad” en el título, no estaba pensando precisamente en la bipolaridad Este-Oeste de la Guerra Fría, sino más bien en el trastorno bipolar que afecta a jóvenes y adolescentes desde temprana edad y que se prolonga por el resto de su vida, generando el riesgo de suicidio, si no es tratado a tiempo con medicamentos.
La Biblioteca Nacional de Medicina de los Estados Unidos, a través de su servicio en línea Medline Plus (nlm.nih.gov) define así este trastorno:
“Es una afección en la cual una persona tiene períodos de depresión y períodos en los que está extremadamente feliz o malhumorado o irritable. Además de estos altibajos en el estado anímico, la persona también tiene cambios extremos en la actividad y los niveles de energía.”
Sobre las causas, señala lo siguiente:
“En la mayoría de las personas con trastorno bipolar, no hay una causa clara para los períodos (episodios) de extrema felicidad y mucha actividad o energía (manías) o de depresión y baja actividad o energía (depresión)”.
“..Los episodios de depresión son más frecuentes que los episodios de manía. El patrón no es el mismo en todas las personas con trastorno bipolar:
  • Los síntomas de depresión y manía pueden ocurrir juntos, lo cual se llama estado mixto.
  • Los síntomas también pueden ocurrir inmediatamente uno después de otro, lo cual se denomina un ciclo rápido. “
Después de observar lo que ha sucedido en la política exterior y de seguridad/intervención de Estados Unidos en las últimas dos décadas, pareciera que sufre de “trastorno bipolar”, o si no al menos de “pulsiones bipolares”.
Y es que si tomamos en cuenta lo que sucedió después de la caída de la URSS en 1991, y de la Primera Guerra del Golfo en la que Estados Unidos obligó a Saddam Hussein a retirarse de Kuwait, se podría afirmar que las élites estadounidenses entraron en un período (episodio dirían los médicos) de extrema felicidad (“el fin de la historia”, “el triunfo de la democracia y el libre mercado”, etc.).
Sin embargo en 1991 comenzaba la atroz guerra civil en Ruanda, con la represión generalizada  y las atrocidades de los hutus contra los tutsis y la respuesta de estos con su guerra de guerrillas; y para 1992 se iniciaban las guerras en los Balcanes con su secuela de muerte y destrucción (por parte de los diferentes bandos que participaron y después por parte de la OTAN).
En 1992-3 vendría la fracasada intervención de Estados Unidos en Somalia, con la debacle para la moral de las tropas de Estados Unidos que significó el evento conocido como “la caída del Black Hawk”.
Así que Estados Unidos habría experimentado al mismo tiempo un estado de euforia y otro si no de depresión, al menos de baja actividad y energía. Quizás en los primeros 3 ó 4 años de la última década del siglo pasado, las élites de ese país se encontraron con un “estado mixto” (síntomas de depresión y manía juntos).
Pero el repunte de la economía de Estados Unidos durante la administración de Bill Clinton, la firma de los acuerdos de Oslo entre los palestinos e Israel (1991-1993) y el fin de una parte de las guerras en los Balcanes a finales de los años noventa, abrieron un período de relativo optimismo en Estados Unidos (aunque los atentados que se atribuyó Al Qaeda en las embajadas de Estados Unidos en Tanzania y Kenia en 1998, y antes los atentados al WTC de Nueva York en 1993 y al edificio Alfred P. Murrah en Oklahoma en 1995, señalaban el inicio del terrorismo en su fase aguda).
En el 2000 la muy polémica elección de George Bush a la presidencia, seguida por los atentados del 11 de septiembre del 2001 y la crisis de las empresas punto com, llevaron a una nueva depresión a la élite político-militar estadounidense; que compensó rápidamente con otro período de verdadera euforia y energía renovada iniciando intervenciones militares en Afganistán y en Irak (un ciclo rápido).
Con el estancamiento de la situación militar en Irak y Afganistán y los reveses de las fuerzas de ocupación durante el segundo período Bush, Estados Unidos entró a una etapa de baja energía y en muchos sentidos de depresión, agudizada por la macro crisis financiera del 2008-9, que significó la llegada de los demócratas a la Casa Blanca.
Con Barack Obama en la presidencia se inicia un nuevo período de actividad que se caracteriza por intentar la recuperación económica de Estados Unidos y una iniciativa para transformar el Medio Oriente a través del impulso a cambios políticos internos en los países árabes y musulmanes de la región, que desembocará en la llamada “Primavera árabe” del 2011, y en una fase (breve) de optimismo renovado.
Pero la guerra civil en Siria, el golpe de estado contra Mohammed Morsi en Egipto (después de la salida del dictador Mubarak); la guerra de facciones desatada en Libia a la caída de Gaddaffi; las continuas intervenciones armadas de Israel en Gaza, con sus masivas violaciones a los derechos humanos; la descomposición de Irak; la permanencia del conflicto y el desorden en Afganistán;  la guerra civil en Yemen; los ataques de grupos fundamentalistas islámicos en Nigeria, Somalia, Kenia; el surgimiento de ese engendro propiciado por Arabia Saudita, las petromonarquías del Golfo, Estados Unidos, Israel, Gran Bretaña y Francia, denominado Estado Islámico; y las desavenencias entre Estados Unidos e Israel por el programa nuclear civil de Irán, han llevado a las élites estadounidenses a un nuevo período depresivo.
La posibilidad de que la administración Obama logre un acuerdo con Irán sobre su programa nuclear, así como la reanudación de relaciones diplomáticas con Cuba, después de 54 años, han generado una visión relativamente optimista en algunos círculos de poder norteamericanos, mientras que en otros (los más cercanos a Israel y a los neoconservadores), se presenta el sentimiento opuesto, de frustración, irritabilidad y enojo; por lo que podríamos decir que las élites del vecino país se encuentran ahora en un “estado mixto”.
Evidentemente es muy difícil acoplar los términos y la “sintomatología” de una enfermedad, con el desarrollo, las decisiones y las consecuencias que en un determinado período histórico tiene la política exterior, militar y de seguridad de la superpotencia de la época.
No es precisamente el mejor modelo para analizar dichas políticas, pero no deja de llamar la atención cómo los tomadores de decisión de Estados Unidos -al menos eso pareciera, desde afuera- entran en dichos estados “eufóricos” o “depresivos”, según las diferentes consecuencias que van enfrentando a las acciones que realizan. Y ello no deja de ser perturbador, pues en ocasiones da la impresión de que no existe un verdadero plan, una estrategia a seguir, sino que siguen un patrón de optimismo-pesimismo más ligado a percepciones, estados de ánimo y niveles de actividad y energía, que a serios, claros y profundos análisis de las situaciones a las que se enfrentan.
    
La Contención
Fue George Kennan, que trabajaba en la embajada de Estados Unidos en Moscú quien planteó por primera vez esta estrategia (en un “memorando” en 1946 y después en un artículo en la revista Foreign Affairs de julio de 1947), que propugnaba por una contención “larga, firme y vigilante de las tendencias expansionistas de la URSS”.
La manera de hacerlo era aplicando “contra fuerza” en una serie de cambiantes “puntos” políticos y geográficos, correspondientes a los cambios y “maniobras” que realizaran los soviéticos, promoviendo a la vez tendencias que eventualmente provocaran el “rompimiento” o la disolución de la URSS.
La estrategia de la contención probó ser eficaz para Estados Unidos, aunque muy costosa para el resto del planeta, ya que cualquier apoyo o acción que realizaba la URSS en distintas partes del mundo, era inmediatamente contra restada por los Estados Unidos, lo que implicó que los cinco continentes se convirtieran en el tablero de ajedrez de las superpotencias y en un juego mundial de suma cero, donde lo que ganaba una inmediatamente se interpretaba como pérdida para la otra.
Ahora bien, la contención es una estrategia muy ligada a la escuela “realista” de las Relaciones Internacionales, cuyos principales exponentes hoy en Estados Unidos podrían ser Stephen Walt y John Mearsheimer, profesores de las universidades de Harvard y Chicago, respectivamente.
Por ejemplo, Walt ha propugnado en numerosas ocasiones en sus artículos de la revista Foreign Policy, que la mejor manera de enfrentar los retos de un Irán que pudiera ambicionar bombas atómicas, o del surgimiento de China como superpotencia, es utilizando la contención; esto es, una serie de medidas políticas, económicas y militares (sin llegar a la utilización del poder militar), para demostrarles que Estados Unidos está resuelto a detener cualquier intento que ponga en peligro su hegemonía o su presencia en ciertas regiones del planeta, o que pueda poner en riesgo la seguridad de sus aliados en dichas regiones.
A diferencia de los neoconservadores que impulsan políticas de fuerza en todo el mundo, poniendo por delante el poder militar de Estados Unidos, los realistas prefieren aplicar una combinación de políticas disuasivas y cooperativas para contener las ambiciones o potenciales amenazas de otras potencias.
Tal pareciera ser la opción que la administración Obama ha tomado en el caso iraní, y también en el chino, pues en ambas situaciones ha preferido iniciar políticas de presión (el garrote), pero también de cooperación (la zanahoria), con ambos países con objeto de limitar sus ambiciones regionales (y en el caso de China, multirregionales), sin descartar el uso de la fuerza militar, pero sólo como último recurso; a diferencia de los neoconservadores (e incluso de los demócratas inclinados al intervencionismo “humanitario”), que han privilegiado el uso de la fuerza en sus relaciones con países considerados como competidores, enemigos o incluso no lo suficientemente cooperativos con Washington.
Podría argüirse también que al interior de la administración Obama aún está la lucha entre “realistas” y neoconservadores sobre el caso de Rusia.
Para los segundos la única forma de evitar que Moscú mantenga y haga crecer su status de potencia regional, y especialmente evitar que se convierta en el enlace entre la Unión Europea y China, alejando así a Europa de la hegemonía estadounidense, es armando y lanzando contra Moscú a la mayor cantidad de países colindantes o cercanos a Rusia, empezando con Ucrania, para así encerrar a Rusia en su territorio y una vez logrado esto, iniciar las maniobras de desestabilización necesarias para lograr un “cambio de régimen” en Moscú, que le permita a los Estados Unidos explotar nuevamente a placer las riquezas naturales y a la población rusa, tal como sucedió durante el nefasto gobierno del dipsómano Boris Yeltsin.
En cambio los realistas están buscando contener a Rusia, fortaleciendo económicamente y apoyando militarmente a los países que anteriormente formaban parte de la órbita soviética, para así limitar la influencia rusa; pero sin llegar a forzar guerras contra Moscú que bien podrían salirse de control y afectar a aliados clave de Washington como los países de Europa Occidental y del Sur, y aliados del Medio Oriente que colindan con los rusos.
También dentro del bagaje teórico del “realismo”, y quizás como su más emblemática contribución está la famosa teoría del “equilibrio del poder”, cuyo objetivo primordial es evitar que una sola potencia domine una región determinada o el planeta, por lo que se generan “contrapesos”, ya sea a través de coaliciones o apoyando a una potencia que balancee a la potencia dominante.
Fue el Imperio Británico el que supo desarrollar el “equilibrio de poder” de manera más plena en Europa durante el s.XIX, apoyando siempre a aquéllas potencias más débiles para contrapesar a la más fuerte en el continente.
Y fueron Hans Morgenthau y Raymond Aron los que en la posguerra (Segunda Guerra Mundial) definieron a la política exterior como una política de poder, en donde todos los actores estatales, al buscar maximizar su poder, provocan un equilibrio del mismo (se impide a un Estado la acumulación de fuerzas similares o superiores a las de sus rivales o aliados).
Para algunos analistas (como por ejemplo George Friedman de la consultora Stratfor, vinculada a los servicios de inteligencia israelís y estadounidenses), lo que está haciendo ahora Estados Unidos en el Medio Oriente es una clásica estrategia de “equilibrio de poder”, pues mientras por un lado apoya a Arabia Saudita, las petromonaquías del Golfo, Egipto e Israel en diversos conflictos regionales (contra los houthis en Yemen, contra la Hermandad Musulmana en Egipto; contra el régimen de Bashar el Assad en Siria; contra los chiítas en Bahrein; contra Hamas en Gaza y Hezbollah en Líbano); por otro lado se coordina (a través del gobierno iraquí) con Irán para combatir al Estado Islámico en Iraq y apoya indirectamente el combate del régimen sirio contra los fundamentalistas islámicos en ese país; así también, apoya el logro de un acuerdo con Teherán en materia nuclear, a pesar de la oposición de Israel, Arabia Saudita y las petromonarquías del Golfo.
De esa forma, Washington estaría evitando que Irán, Arabia, Israel, Egipto o en su caso Turquía dominen la región, y por el contrario contraponiéndolas unas a otras, logra evitar la hegemonía de una sola de ellas, a la vez que todas se ven obligadas a mantener relaciones de alianza y/o cooperación con Estados Unidos, como el vértice de la región.
Se puede o no estar de acuerdo con esta visión, ya que para otros analistas la política de Estados Unidos en el Medio Oriente no tendría que ver nada con el “equilibrio del poder”, sino más bien con la promoción deliberada del caos.

El Caos
Esta explicación (Luciana Bohne, Counterpunch, Febrero 20-22 2015) sostiene que el verdadero interés de Estados Unidos y de su aliado Israel en el Medio Oriente y en el resto del mundo, es utilizar su poderío militar para generar caos y enfrentamiento en diversas regiones del mundo, que permita detener la consistente caída de la economía de Estados Unidos y el consecuente fortalecimiento de los países que compiten con ella, tales como China, Rusia, India, Brasil y la misma Unión Europea (a pesar de su crisis profunda).
Según esta hipótesis, el objetivo es generar caos y destrucción en los países que compiten con Estados Unidos e Israel en sus respectivos ámbitos hegemónicos (mundial y regional). El mejor ejemplo sería la serie de guerras e intervenciones que se han producido en los últimos quince años en el Medio Oriente, que han destruido a Irak, Libia, Afganistán, Siria, Yemen, y que mantienen en permanente conflicto a Egipto o Líbano.
Todo ello favorecería a Israel que puede llevar a cabo sin interferencias sus incursiones genocidas en Gaza, seguir apropiándose del territorio palestino y dividir a los países musulmanes que antes consideraban a Israel como su mayor amenaza, mientras que ahora sunnitas y chíitas se combaten entre sí en toda la región; y aún más, una coalición de estados sunníes está combatiendo a los grupos aliados (supuestos o reales) de Irán en la región, con lo que Israel puede contener y atacar al que considera su principal competidor por la hegemonía regional, el régimen de Teherán.
Por su parte Estados Unidos ejerce presiones económicas y militares sobre Rusia y China en sus entornos inmediatos, con el objeto de disminuir su capacidad de proyectar poder político, económico y militar en sus regiones y más allá, con lo que Estados Unidos gana tiempo para recuperar su posición hegemónica, sin importar que su apoyo a diversos grupos opositores en distintos países puedan generar enfrentamientos, guerras civiles o caos (caso de Ucrania), pues el objetivo no es apoyar a esos países, sino crearles problemas en su entorno inmediato a las potencias que considera sus principales competidoras.

Igual se podría argumentar que las élites político-militares de Estados Unidos, que claramente no están unificadas para aplicar una estrategia dominante ante los diversos retos que enfrentan a su hegemonía en todo el mundo, aplican en algunas regiones o conflictos el “realismo”, mientras que en otros casos son los neoconservadores los que llevan la mano. Y en todos los casos están presentes continuamente esas “pulsiones bipolares”, que parecen caracterizar la toma de decisiones en la política exterior y de seguridad/intervención de los Estados Unidos.  

miércoles, 1 de abril de 2015

Declaring Independence from Israel
It's Way Overdue!
By Philip Giraldi • March 31, 2015 •  THE UNZ REVIEW

When Republican Presidential contender Senator Ted Cruz announced his intention to run before a packed audience at Liberty University in Lynchburg Virginia, the one line in his speech that drew the most applause was “Instead of a president who boycotts Prime Minister Netanyahu, imagine a president who stands unapologetically with the nation of Israel.” I do not know if those who were cheering were really aware of what Cruz was saying, but the preposition “with” committing President Cruz to some kind of ad hoc equal partnership with a foreign government was both unseemly and ultimately un-American. A President of the United States should be prepared and expected to advance only American interests.
There is no ambiguity in Cruz. As keynote speaker for a conference held last September by the newly formed In Defense of Christians group, he demonstrated that even in front of Middle Eastern Christians it was necessary to play the Israel card, bringing Jewish “persecution” into the discussion before walking off stage. Just before exiting, he said, “If you will not stand with Israel and the Jews, then I will not stand with you. Good night, and God bless.”
A day after Cruz and Liberty it was Jeb Bush’s turn. He repudiated James Baker, his father’s secretary of state, after Baker had mildly criticized Netanyahu’s rejection of a possible Palestinian state, with Bush’s press spokesman asserting “Governor Bush’s support for Israel and Prime Minister Netanyahu is unwavering.” In a follow-up op-ed last Wednesday, Bush cemented his credentials as a worthy heir to his brother George in terms of intellectual vacuity by opposing nuclear negotiations with Iran before asserting “The Obama administration treats announcements of new apartment buildings in Jerusalem like acts of aggression.” Jeb is apparently unaware that there are half a million settlers on the West Bank on stolen Palestinian land.
Every Republican presidential wannabe makes an obligatory trip to Israel to kiss Netanyahu’s ring. And the neoconservative claque is meanwhile crowing about Bibi, calling him the “leader of the free world.” One blogger quipped “Has it got to the point that the GOP should cut through all the red tape and simply nominate Benjamin Netanyahu as their 2016 candidate?”
The most recent GOP presidential candidate Mitt Romney went so far as to pledge himself to take Israel’s advice before doing anything in the Middle East. Cruz, like Romney, has made very clear his willingness to be guided by Israel and it appears that Bush 3 will do more of the same. As will every other leading Republican, including Rand Paul who recently defended critics who claimed that he was applauding too slowly during the Netanyahu speech, saying “I gave the prime minister 50 standing ovations, I co-sponsored bringing him here.”
Marco Rubio another presidential aspirant, has already declared that if he is elected president, he would be willing to defy America’s European allies if necessary to revoke any deal with Iran he might inherit. Rubio’s foreign policy advisers feature Dan Senor, Elliot Abrams, Robert Kagan and Eric Edelman.
Selling out to Israeli interests has become de rigueur for Republican politicians and presidential hopefuls as well as for a heck of a lot of Democrats as well. Former Bill Clinton U.N. Ambassador Bill Richardson recently commented that Israel is “our anchor in the Mideast. Our beachfront is Israel. They’re our strongest ally” while Senator Chuck Schumer, who is poised to become Senate Minority Leader, has declared “One of my roles, very important in the United States senate, is to be a shomer – to be the shomer Yisrael (guardian for Israel). And I will continue to be that with every bone in my body …”
The description of Israel as a close ally is not true, of course. Though Israel is persistently referred to as America’s greatest friend by the chattering class it is not legally or practically an ally at all and never has been. And then there is the recent revelation that Israel not only spied on Americans officials negotiating with Iran but also used the information obtained with members of Congress to undercut the talks. It is quite possible that Netanyahu was getting his intelligence from someone inside the United States delegation, raising a perhaps more troubling issue about the loyalty of some senior officials. It also suggests that at least some Congressmen received briefings from the Israeli government that included classified information obtained from the U.S. negotiating team and did nothing about it.
That revelation of spying came on top of Benjamin Netanyahu’s apparent strategic decision to deal only with American leaders whom he likes and who like him in return. His 2012 endorsement of Romney preceded an unrelenting two year campaign excoriating the Obama Administration for its “weakness” regarding Iran. There have been two speeches by Netanyahu before Congress piling on more of the same but the coup de grace came when a desperate Netanyahu seeking reelection explicitly rejected the U.S. backed negotiations seeking to create a peaceful settlement for the Israel-Palestine problem. And then Netanyahu, confident that he can get away with anything without consequence, threw into the hopper a racist rant encouraging right wing support at the polls in Israel by creating fears over Israeli Arabs who might want to vote.
Senator John McCain inevitably accused President Obama of having a tantrum and told him “to get over it” after the White House expressed some concern regarding the extreme right wing Israeli election result. And now that the elections are over, it is reported that Israeli intelligence officers who exposed some of Netanyahu’s lies will be purged after the new government is formed. The GOP majority in Congress meanwhile has already rewarded Bibi for his enlightened statesmanship by giving him 50 ovations, thanking him for making the American Secretary of State and President look ridiculous. Forty-seven Senators subsequently signed a letter to the Iranian leadership warning that they would repudiate any nuclear agreement entered into by President Obama and Speaker of the House John Boehner will be traveling to Israel this week, presumably to personally thank Netanyahu for his understanding and continued support.
And meanwhile Washington continues to reward Israel with more than $3 billion per year in direct assistance plus billions more in tax exempt “charitable contributions” from American citizens, some of which goes to build illegal settlements. It continues to provide Israel with political cover at the United Nations; supplies it with weapons, some of which have been used in contravention of American law; and it regularly defers to Israeli concerns about the political situation in the Middle East.
As a reward for Washington’s largesse, Israel’s many enemies have made the United States a terrorist target. And then there is what the White House and Justice Department (DOJ) do not do. Israel is the number one “friendly” country in terms of the level of espionage directed against the United States but the federal government chooses not prosecute the hundreds of Israelis and Americans caught spying. The DOJ has even blocked any inquiries by concerned citizens into the details of Israeli espionage using mechanisms like the Freedom of Information Act.
One might well come to the conclusion that the American people are not very well served by all of this nonsense. Israel has sometimes been called the “fifty-first state” but it is worse than that as it pays no taxes, is never held accountable for anything, damages U.S. interests and is a net beneficiary at all levels. And all of Netanyahu’s subterfuge has taken place against a backdrop of repeated U.S. pledges of support for Israel coupled with fulsome assertions by policy makers that America “has Israel’s back” if there is any conflict in the region, a virtual commitment that Washington will join in any war that Tel Aviv initiates.
As Israel has done and continues to do grave damage to the United States through its actions, it is past time for an amicable divorce, to enable the dog to again wag its tail, as it were. It is quite possible to wish Israel and the Israeli people well without having to become an accomplice in war crimes. As there is more than sufficient justification to change the existing injurious special relationship, I would propose a new Declaration of Independence, this time not directed at King George III but at King Bibi Netanyahu and his associates in government.
As a prologue to the injuries suffered by the United States, I cannot put it any better than did America’s Founders: “When in the Course of human events, it becomes necessary for one people to dissolve the political bands which have connected them with another, and to assume among the powers of the earth, the separate and equal station to which the Laws of Nature and of Nature’s God entitle them, a decent respect to the opinions of mankind requires that they should declare the causes which impel them to the separation:”
·         Washington wishes Israel and all other countries in the Middle East well and hopes that they will prosper, but from now on Israel, having abused its privileged position, must be treated just like any other country, with the depth of the bilateral relationship dictated by actual American interests.
·         American taxpayer contributions to Israel’s high tech first world economy are both unnecessary and unwarranted and will cease.
·         Diplomatic protection of Israel at the United Nations and in other international bodies damages American interests and will only be considered when Israeli and U.S. interests coincide.
·         Israeli has violated U.S. laws regarding the use of American provided military equipment for defensive purposes only. Future sales of equipment will be reviewed and American military equipment prepositioned in Israel will also be removed.
·         Because it is a violation of Article 4 of the U.S. Constitution American intelligence agencies will no longer share raw data obtained illegally on American citizens with Israel.
·         Because funding the occupation of the West Bank is illegal, any private donations to Israel will only be considered charitable when it can be demonstrated that the recipients are actually eligible for that tax status.
·         As it is in Washington’s interest to do so, the United States will be free to negotiate with Iran, Syria and all other countries in the Middle East. The United States will specifically respect the national integrity and sovereignty of all nations in the region, i.e. there will be no more threats that a “military option” is on the table.
·         As there is a clear conflict of interest, trips to Israel funded by private foundations and lobbies to acquaint Congressmen, military officers, and other elected officials with the Israeli point of view will be considered gifts and subject to appropriate regulation and taxation.
·         Israeli lobbying groups to include AIPAC, WINEP and JINSA have done great damage to the interests of the United States and will be required to register under the Foreign Agents Registration Act of 1938.
·         How Israel conducts its domestic governance is its own business, but the United States will oppose the continuation of legal and administrative infringements on the fundamental rights of ethnic and religious minorities in any and all countries, including those that regard themselves as democratic, to include Israel’s treatment of its Arab minority.
·         As it is in the United States interest to do so, Washington will support in international fora the creation of a sovereign and functional Palestinian state to include full recognition by Washington, understanding that the persistence of the Palestinian problem has been both an incubator of and recruiting poster for terrorism worldwide.
·         Stealing American high technology and government secrets has done grave damage. Israelis and Americans caught spying against the United States will be arrested, charged and prosecuted under applicable statutes. There will be no exceptions.
I am convinced that a new Declaration of Independence will be good both for the United States and for Israel. The U.S. can remove the issue of Israel from its fractious political discourse and will at last be free of a major distortion in its ability to conduct foreign and security policy based on America’s own interests. Israel, which is military dominant in its region, can begin to think seriously of how to coexist with its neighbors rather than bomb them into submission. A reset for both countries would be healthy as well as the right thing to do.


UN NUEVO ESTADO, META DEL NEOLIBERALISMO
POR ALEJANDRO NADAL
La Jornada, 1 de Abril de 2015, p.31

¿Por qué el neoliberalismo surge más fuerte que nunca después de siete años de crisis? Buena pregunta. Y no existe hoy una respuesta satisfactoria por una razón fundamental. Es que la crítica al neoliberalismo descansa en un postulado equivocado: es la idea de que el capital busca reducir el ámbito de influencia del Estado, de quitarlo del camino y hasta de eliminarlo. Muchos encuentran prueba de lo anterior en la ola de privatizaciones y en la eliminación de controles regulatorios para todo tipo de actividades.
Ese postulado proviene de la idea de que el mercado y el Estado son antitéticos. Pero desde hace mucho la historia y la antropología revelaron que las economías de mercado nacieron a través de una fuerte intervención del Estado y sus agencias. Sólo la mitología de los economistas sigue afirmando que primero fue el trueque y después, espontáneamente, nació el mercado.
Es necesario criticar esta premisa y reemplazarla con una nueva perspectiva: el capital financiero no está destruyendo el Estado, sino que lo está reconfigurando y reorganizando para que responda a sus necesidades e intereses. Esta idea proporciona una matriz analítica más rica y se acerca más a lo que está aconteciendo en el mundo.
Hoy tenemos muchas señales indicando cómo el neoliberalismo está construyendo un nuevo Estado. La primera, quizás la más obvia, es la degradación de la vida política. Aquí el síntoma más claro es el predominio del dinero sobre los votos. Las campañas electorales están sometidas a una circulación monetaria que va de los intereses corporativos más descarados a las grandes cadenas de los medios masivos, pasando por la compraventa de candidatos. Las instancias encargadas de organizar y supervisar elecciones están desbordadas o simplemente forman parte de este gran teatro. El ‘mercado electoral’ dejó de ser, hace mucho, una simple metáfora.
Lo anterior marca el deterioro del llamado ‘poder’ legislativo. Los congresos y parlamentos han dejado de funcionar con la meta de defender y cultivar el interés público. Pero eso no quiere decir que han dejado de funcionar. Al contrario, de manera activa los miembros del poder legislativo desempeñan una función de agencias del capital financiero y del neoliberalismo: votan sus leyes contrarias al interés público, erigen nuevas barreras regulatorias en contra de competidores no deseados y, sobre todo, bloquean cualquier iniciativa que pudiera acrecentar el poder ciudadano.
La segunda señal es la concentración de poder económico y la desigualdad. Las grandes corporaciones, nacionales e internacionales, tienen hoy una capacidad nunca antes vista para organizar espacios económicos alrededor de sus intereses y estrategias de expansión. Su tamaño, grado de diversificación y de integración les da acceso a muy fuertes economías de escala y de alcance. Eso les permite adoptar todo tipo de comportamientos estratégicos, desde la segmentación de mercados hasta la manipulación de precios para transferir rentabilidad a lo largo de la cadena de valor. Todo eso conduce a la enorme concentración de poder en todas las ramas de la producción a escala mundial.
Frente a las grandes corporaciones las comisiones regulatorias de los gobiernos no desaparecen. Simplemente se refuncionalizan y adoptan la misión de servir a estas gigantescas empresas para legitimizarlas. El síndrome de las puertas revolventes es una expresión de todo esto. Y cualquiera que se haya escandalizado frente a los abusos del sector financiero o que haya participado en la lucha contra los organismos genéticamente modificados puede dar testimonio de lo anterior.
La desigualdad económica y la concentración del ingreso son el telón de fondo de la acumulación bajo el neoliberalismo. Y eso necesita una nueva y más potente capacidad represora. Por eso tenemos la tercera señal: el extraordinario crecimiento del aparato de seguridad del Estado. Las funciones de represión directa y de espionaje se han reorganizado y hoy se encuentran en el corazón de múltiples agencias a nivel nacional o regional, muchas veces con fuertes vínculos con la delincuencia organizada.
Todo lo anterior se acompaña de un hecho fundamental: la desmovilización de la ciudadanía. Si el voto no es respetado y si el parlamento es corrompido, carece de sentido ir a las urnas el día de las elecciones. Por eso el abstencionismo es el partido mayoritario en todo el mundo y parece confirmar la idea de que es inútil tratar de recuperar el control sobre la vida política. Los abusos de los bancos o de los fabricantes de comida chatarra se convierten en una fatalidad que hay que sufrir cotidianamente. Al final del camino los ciudadanos se transforman en consumidores (de todo tamaño) o en átomos de una materia prima llamada fuerza de trabajo.
El bloqueo y ataque en contra de la democracia no debe ser confundido con la reducción del tamaño del Estado. La izquierda debe tomar nota: estamos frente a un esfuerzo concertado para erigir un nuevo sistema en el que la democracia no tiene cabida.